Época Colonial

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Introducción

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La adversidad de un género

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Algunos elementos novelescos

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Primera novela latinoamericana


Siglo XIX

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Introducción

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Novela histórico-romántica

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Novela post-romántica

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Novela costumbrista

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Novela realista

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Novela modernista


Siglo XX

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Introducción

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Modernismo/modernidad

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Novela sobre la violencia

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Un capítulo aparte: Gabo

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Novela reciente

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Posmodernidad en la novela colombiana


Siglo XX

Novela reciente

A fines de la década de los setenta, tal vez como una reacción a la devastadora influencia de la obra de García Márquez, se comienzan a presentar en la novela colombiana diversas propuestas que buscan, desde la exploración del lenguaje, la potenciación de la fábula y la indagación de realidades inéditas, un nuevo posicionamiento, ya sea acudiendo al deslinde con la tradición o a una recuperación de exploraciones marginales o no completamente desarrolladas. Se impone la necesidad de romper los límites de la escritura, testimoniar el Héctor Rojas Herazoespacio urbano tan descuidado en la narrativa nacional, bucear en la historia y reformular los lenguajes. Es como una explosión que no para aún y que hace del panorama de la novela reciente un inmenso paisaje de objetos heterogéneos y no siempre asociables. Cancelar el macondismo y reafirmar nuevos lenguajes, parece la consigna general. Se investiga el pasado nacional o se trabaja la ciudad o bien se realza la parodia o se ensayan los parámetros posmodernistas, en busca de esa expresión más autentica que los jóvenes narradores se ven obligados a encontrar.

Al lado de los escritores más reconocidos como Héctor Rojas Herazo, Manuel Zapata Olivella, Manuel Mejía Vallejo, Pedro Gómez Valderrama y Alvaro Mutis, surgen nuevas figuras: R-H Moreno Durán, Marco Tulio Aguilera Garramuño, Ricardo Cano Gaviria, Luis Fayad, Germán Espinosa, Rodrigo Parra Sandoval, Roberto Burgos Cantor, Oscar Collazos, entre los más destacados.

Alfredo MolanoSe ejercita la nueva novela histórica, en obras como La tejedora de Coronas (1982), de Germán Espinosa, La risa del cuervo (1992) de Alvaro Miranda o La ceniza del libertador (1987) de Fernando Cruz Kronfly; se explora la ciudad en obras como ¡Que viva la música! (1977) de Andrés Caycedo, Las puertas del infierno (1985) de José Luis Díaz Granados, y Los parientes de Ester (1979) de Luis Fayad; o se aventuran las técnicas posmodernas como en las obras de Moreno Durán, o en Trapos al sol (1991) de Julio Olaciregui, Cárcel por amor (1995) de Alvaro Pineda Botero, y Opio en las nubes (1992) de Rafael Chaparro; se renueva la palabra regionalista como en la obra de Fernando Vallejo o en la de Javier Echeverry o se ensaya la retórica manierista, como en Metatrón (1994) de Philip Potdevin; se reivindica al otro en la literatura testimonial de Arturo Alape y Alfredo Molano, o se vuelve a los ojos de la escritura feminista de una Alba Lucía Ángel, una Marvel Moreno, una Fany Buitrago o una Laura Restrepo.

El caldo de la novela reciente en Colombia es rico y diverso. También la crítica empieza a ofrecer sus perspectivas y a dar cuenta de los nuevos fenómenos; las editoriales comienzan a tener confianza en los autores nacionales y se estimula la creación con premios y becas y con la apertura de los programas académicos. En Colombia, si bien ya se ha matado al padre, y no se vislumbra una figura de la talla de García Márquez, se ha perdido la timidez y se han abierto las compuertas para que reviente toda una represa de nuevos escritores. Esta tendencia tiene su mejor expresión en la llamada novela posmoderna.


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