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Jaime Alejandro Rodríguez
Posmodernidad en la novela colombiana. Narrativa colombiana de fin de siglo - Metaficción en la novela colombiana

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Luz Mery Giraldo B.
Narrativa colombiana: búsqueda de un nuevo canon

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Alvaro Pineda Botero
Del mito a la posmodernidad - La fábula y el desastre. Estudios críticos sobre la novela colombiana. [1605-1931]

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Raymond L. Williams
Novela y poder en Colombia - Posmodernidades latinoamericanas: La novela posmoderna.

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Bodgan Piotrowsky
La realidad nacional colombiana en su narrativa contemporánea

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Carmenza Kline
Apuntes sobre literatura colombiana -comp.-

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Peter G. Earle
Grabriel García Márquez

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Angel Rama
La narrativa de Gabriel García Márquez. Edificación de un arte nacional y popular

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William Rowe
García Márquez: La máquina de la Historia

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Rubén Jaramillo Vélez
La postergación de la experiencia de la modernidad en Colombia - Tolerancia e ilustración

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Treinta años después
Ponencias del IX Congreso Nacional de Literatura, Linguística y Semiótica

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Héctor H. Orjuela
El desierto prodigioso y prodigio del desierto" de Pedro Solís y Valenzuela. Primera novela hispanoamericana.

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Augusto Escobar
La violencia: ¿Generadora de una tradición literaria?

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María Elvira Villamil
La narrativa colombiana reciente

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María Helena Rueda
La violencia desde la palabra


Hubert Poppel: La novela policiaca en Colombia


Hubert Poppel. La novela policíaca en Colombia

Aclaraciones terminológicas - Sicarios, la nueva violencia y la novela negra - Gonzalo España y las perspectivas de la novela policíaca en Colombia - Resúmenes de textos policíacos colombianos, en orden cronológico


Anexo 1 : Resúmenes de textos policíacos colombianos, en orden cronológico (1)

Siglo XIX

Díaz Castro, Eugenio, 1936, "Una ronda de don Ventura Ahumada ", en: Eugenio Díaz Castro, Una ronda de Don Ventura Ahumada y otros cuadros, Bogotá, Ministerio de Educación Na­cional, pp. 11-37 (la. ed., 1858).

La historia está ubicada en el año 1828. Un monje de un mo­nasterio escapó y el convento le encarga a don Ventura Ahuma­da, jefe de la policía de Bogotá, la búsqueda y devolución de la oveja perdida. La investigación de don Ventura se limita a es­cuchar delatores y conseguir informaciones del sub mundo de la capital. Con un conocimiento ya bastante claro sobre la casa donde se esconde el sacerdote, pone una trampa en un hueco en el muro, toca a la puerta, les da consejos a unos de los que juegan allí a los naipes y dados hasta después de medianoche, arresta a otros, pregunta por el buscado, le mienten, le mues­tran la casa y el patio donde sacrifican marranos para "fabri­car" chicharrones (cf. el apodo y el apellido de don Ventura), ve el hueco que habían mencionado los informantes y se dirige nuevamente a su trampa. En ella encuentra al sacerdote fugiti­vo; la lleva a su convento, no sin antes poner el debido orden en las calles nocturnas de Bogotá. A solicitud del pobre monje que nunca quiso ser monje, no la entrega como arrestado de la policía, sino que le da la posibilidad de correr a su celda para que el prior la encuentre allí durmiendo. Se puede leer como un antecedente de un cuento policiaco, aunque definitivamente no se destacan los elementos mystery y artion. Cf. apartado 2.1.

Muñoz, Francisco de Paula, 1998, El crimen de Aguacatal, Medellín, Colección Autores Antioqueños (I a. ed., 1874). Historia del asesinato de toda una familia en el Valle de Aburrá. El narrador es testigo de las investigaciones y las acompaña críticamente, incluyendo resúmenes, comentarios, etc. El edi­tor de la nueva edición, Juan José Hoyos, dice que se trata de un reportaje. Seguramente n9 es una novela, pero las implicaciones didácticas y políticas del autor-narrador (que quiere ejemplificar en este caso el funcionamiento de un siste­ma judicial y administrativo de un Estado moderno), así como su posición de co-investigador, van más allá de un reportaje. Se trata, entonces, de un género no definido, pero comparable con Cordovez Moure (1891), y García Márquez (1955). Un re­sumen del caso se publicó en la revista Los misterios del crimen (1925). Cf. apartado 2.3.

Cordovez Moure, J osé María, 1996, El episodio del doctor Russi, Bogotá, Norma (la. ed., 1891; posteriormente parte del capítulo "Crímenes célebres" de sus Reminiscencias de Santafé y Bogotá).

Se trata de la reconstrucción de los hechos alrededor de la supuesta cuadrilla de ladrones y criminales del abogado Russi.

Cordovez Moure se centra principalmente en el juicio y la eje­cución de los acusados. De vez en cuando discute la posibili­dad de la inocencia de Russi; en términos generales, sin embargo, lo declara culpable. No es una novela policíaca en el sentido estricto de la palabra, pero sí un antecedente muy im­portante en Colombia; cf. Espinosa ( 1992) y otra versión del caso, con fuentes distintas, publicada en Ja revista Los misterios del crimen ( 1924). Cf. apartado 2.2.

Siglo XX

Años 20

Los misterios del crimen. Revista semanal ilustrada, 1924-1925, Bogotá.

Por lo menos dos series, con veinticinco números cada una. Director propietario Ramón Bernal Azula; 6.000 ejemplares. Revista que publica relatos de los crímenes más famosos del pasado en versiones originales o síntesis de textos ya publica­dos. Cita que demuestra la labor más bien amarillista de la revista: "repugnancia y horror nos causa esta labor [...] mas consecuentes con nuestro propósito [...] hemos hecho a un lado estas consideraciones" (número 24, 1925: 1 ). Muy impor­tantes para nuestro propósito son las entregas 14 y 15 de 1924, con el relato "Causa y ejecución de José Raimundo Russi", preparado por Pedro M. Ibáñez, probablemente hacia finales del siglo XIX; importante aquí porque trabaja con fuentes do­cumentales que no ofrece Cordovez Moure; y la versión de "El sangriento crimen del Aguacatal", en los números 24 y 25 de 1925, escrita posiblemente por el mismo director de la revista (firmada con el seudónimo "Barón de Rochel"), que permite comparar con la versión de Muñoz (1874), la forma como se presenta el crimen y la investigación.

Años 40

Ximénez (José Joaquín Jiménez), 1941, "El misterioso caso de Herman Winter", Cromos, Bogotá, 27 de septiembre, pp. 60-66; 4 de octubre, pp. 60-65; 11 de octubre, pp. 61-65; 18de octubre, pp. 60-65 y 70; 25 de octubre, pp. 60-66; 1°. de noviembre, pp. 60-65.

Herman Winter es encontrado asesinado. La policía le solicita colaboración en el caso al detective Rodrigo de Arce, quien es, a la par, sastre y poeta. Las investigaciones necesitan de la ayuda de la pura casualidad para dar con el asesino. En este punto comienza un narrador omnisciente con la historia de los últimos días del hombre asesinado y de sus relaciones con su hija adoptiva. Importante por su papel pionero. Cf. aparta­do 4.2.

"El misterio del cuarto 215 o la pasajera del Hotel Grana­da " , 1944, Comandos, Bogotá, 9 de septiembre (Lucas Caballe­ro- Klim); 16 de septiembre (Rafael Jaramillo Arango); 23 de septiembre (Luis Vidales); 30 de septiembre (León de Greiff); 7 de octubre (Ximénez, Guillermo Patiño); 14 de octubre (Ale­jandro Vallejo).

Un propósito muy loable: escribir una novela policíaca a va­rias manos. Pero tan loable como es el propósito, tan caótico es el resultado. Después de proponer un caso según las reglas clásicas, los autores empiezan a desviarse en las distintas direc­ciones. Del hotel en Bogotá salimos a las calles de la ciudad; León de Greiff participa, sin preocuparse del género ni de lo que sus colegas habían escrito; Ximénez y Patiño intentan sal­var la historia, pero no lo logran; Vallejo quiere darle a la nove­la un giro muy interesante desde el punto de vista narratológico, pero en vez de seguir con esta línea, la abandona apenas la nombra, y la empresa termina en el caos. Sin embargo, es muy importante para la historiografía del género, porque demues­tra un interés en el género en amplios círculos de la intelectualidad bogotana antes de García Márquez. Referen­cias a la historia del carabinero (Dulcey, 1976), al proceso de Bizot (Durán, 1940) y al caso Handel (Caso Handel, 1982). Cf. apartado 4.1.

Pardo Umaña, Camilo, 1948, Narraciones coloniales, Bogo­tá, Librería Suramérica.

Versiones de historias y eventos en Bogotá; incluye casos de asesi­natos, robos y otros crímenes, en su mayoría tomados de los archivos. El libro representa aquí una de las vertientes de las " causas célebres", sin pertenecer realmente al género policiaco.

Zárate Moreno, Jesús, 1948, "Un zapato en el jardín", en: J esús Zárate Moreno, Un zapato en el jardín, Madrid, Afrodisio Aguado, pp. 143-154.

En el breve cuento, un policía investiga el asesinato de un hombre en un hotel (sin que tenga conexión alguna con el cuento de García Márquez de 1952). El detective detiene al maestro de la escuela porque lleva un zapato del muerto. El asunto se complica cuando aparece otro zapato lleno de arena y cuando el mismo policía anda con el segundo zapato del muerto. La solución: un chimpancé se había fugado del zooló­gico y cambiado todos los zapatos en el hotel. Se trata de una versión paródica, por cierto no muy elaborada, del "Doble ase­sinato en la Rue Morgue" de Edgar Allan Poe. Cf. Un crímen al denle (1999), del también santandereano Gonzalo España quien, además de facilitamos el texto de Zárate, afirma haberlo des­cubierto después de escribir su novela.

García Márquez, Gabriel, 1983, Textos costeños, 2 tomos, obra periodística I y II, recopilación y prólogo de Jacques Gilard, Bogotá, Oveja Negra (1948-1953).

La recopilación de los trabajos periodísticos en Cartagena y Barranquilla contiene los primeros escritos (cuentos y tomas de posiciones) de García Márquez sobre el género negro. Cf. capítulos 2 y 5.

Años 50

Pardo Umaña, Emilia, 1951, Un muerto en la legacíón, Bo­gotá, Kelly.

Madrid, 1947: en la embajada de Colombia en España son ase­sinados una mujer y un hombre. Tres policías investigan: un catalán, un vasco y un madrileño. La casa está llena de gente que tienen muchos motivos para odiarse. La embajada es un lugar de encuentro para uno o más grupos de falsificadores de pasaportes, uno de los documentos más requeridos en la pos­guerra europea. Después de la presentación de los hechos en la primera parte, sigue una segunda que narra la historia de las personas en la noche del crimen. La tercera parte vuelve a ocu­parse de la investigación de la policía, que simplemente espera y que tiene éxito con esta estrategia. La alemana, aparentemente inocente, es la asesina. Novela policíaca paródica bastante bien hecha. Cf. apartado 6.2.

García Márquez, Gabriel, 1976, "El escándalo del siglo" (El caso Wilma Montesi), en: Gabriel García Márquez, Crónica.5 y reportajes, Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura, pp. 413­518 (la. ed., 1955).

El caso de la muchacha Wilma Montesi, asesinada en 1953 en Ostia. García Márquez reconstruye meticulosamente el caso, hace resúmenes, les recuerda constantemente a los lectores puntos que ya aparecieron y que no deben olvidar. La crónica ­reconstrucción se publica antes de empezar el proceso. Son acusados tres hombres de la alta sociedad, ya que el simple asesinato de la chica se agrandó y se convirtió en un escánda­lo nacional con todos los ingredientes necesarios: nobleza, políticos, drogas, etc. Muy importante para la diferenciación crónica roja - novela policíaca. Cf. también Enzensberger (1987), y la versión de Federico Estrada Vélez en la revista Sucesos (Echavarría, 1993). Cf. apartado 5.1.

Echavarría, Rogelio, ed., 1993, Crónicas de otras muertes y otras vida.5. Selecciones de Sucesos, Medellín, Universidad de Antioquia (revista fundada en 1956).

Selección de crónicas y reportajes de la revista Sucesos, de Bo­gotá. Crónicas rojas e historias de escándalos. Importante para la diferenciación entre novela policíaca y crónica roja. Contie­ne, entre otros, a Felipe González Toledo, sobre el asesinato de Gaitán; dos crónicas-reportajes de García Márquez y una se­gunda versión colombiana del caso Montesi, preparada por Federico Estrada Vélez. Para este subgénero, cf. también la antología de González Toledo (1994).

Hoyos, Hernán, 1966, "Las hermanas del Coronel", en: Hernán Hoyos, Cuentos, Bogotá, Antares, Tercer Mundo, pp. 7-17 (la. ed., 1956)

Uno de los cuentos del libro que se aproximan a postulados del género negro. Ganador, en 1956, de un concurso de cuen­tos de suspenso en la revista mexicana Aventuras y Misterios. Dos pícaros viven temporalmente en un pueblo pequeño. Muere un viejo coronel de una de las guerras civiles, que tiene como detalle característico que le habían implantado una mandíbula de platino después de haber perdido la suya en un combate. Los dos desentierran al viejo soldado para robarse el metal, pero el cadáver ya está sin mandíbula, porque alguien había tenido la idea antes de ellos.

Dulcey, Arcadio (Adolfo Gil Hernández), s.f. [ 1958], Una mujer perdida, Madrid, Guadarrama.

En un periódico aparece el anuncio de que un hombre busca a su mujer. El primer detective privado profesional de Colombia - consigue entrar a la casa del señor que puso el anuncio, lo persigue hasta su finca e investiga de manera bastante inteli­gente para una novela policíaca paródica: encuentra varias pis­tas, las sigue y llega a la solución. Escenifica un final digno de las novelas policíacas clásicas inglesas, con todas las personas implicadas en el caso, y presenta su versión. La mujer no ha sido secuestrada; según el detective, se escondió en la casa de una amiga. Esa conclusión no es del todo correcta, pero casi. La causa de su " autosecuestro": el esposo toma muchos cockteles. Novela policíaca paródica muy lograda.

Mejía Vallejo, Manuel, s.f. [probablemente entre 1957 y 1965], Este cadáver es mío, Biblioteca Pública Piloto de Medellín (texto inédito).

Un pintor toma su residencia en un pequeño pueblo de la Costa Atlántica. Llega en la época de carnavales, el día que la policía mata a un hombre, y ocupa la pieza de una muchacha que desapareció. Un año después, en época de carnavales, es asesinada una muchacha. El comisario detiene al pintor como sospechoso y el lector también empieza a sospechar de él, a pesar de que él es el narrador. Pero a lo largo de los diálogos del comisario con el pintor (que se conocieron antes en la ciudad como profesor de derecho y discípulo brillante), cam­bia la situación totalmente. Ahora empezamos a sospechar del comisario que había matado el año anterior al hombre. Pero resulta que la muchacha muerta, probablemente novia del hom­bre muerto, era tanto la desaparecida como la hija del comisa­rio. Pintor y comisario firman un pacto de seguir buscando al asesino. Muy interesante. Atmósfera como en las novelas de Dürrenmatt, de pronto también algo de Simenon. Digresiones sobre la ética, la moral, el arte, el derecho y el sistema judicial. Cf. apartado 6.1.

Años 60

García Márquez, Gabriel, 1982, La mala hora, Bogotá, Ove­ja Negra (primeras ediciones, 1961, 1962 v 1966).

Tiene muchos ingredientes de la novela policíaca, sobre todo el misterio de los pasquines. Paradigmático para la utilización de elementos del esquema policíaco en García Márquez es el diálogo entre el juez Arcadio y el secretario sobre los procedi­mientos para descubrir las soluciones en las novelas policía­cas. Cf. apartado 5.2.

García Márquez, Gabriel, 1996, Cien años de soledad, Ma­drid, Cátedra (I a. ed., 1967).

No es novela policíaca, pero la escena del asesinato -si es que es asesinato- de J osé Arcadio hijo es fundamental para estudiar la relación entre elementos policíacos y formación de la estética narrativa en García Márquez. Cf. apartado 5.3.

Años 70

Hoyos, Hernán, s.f. [1970], 008 contra sancocho, Cali, Edi­ciones Exclusivas.

J aime Abonado, ex-agente del MAS, pierde su puesto por ha­ber empeñado su pistola. La agencia Rescate lo emplea con su viejo nombre de lucha: 008, con licencia para beber. El libro es una acumulación de aventuras del agente; no resuelve prác­ticamente ninguno de sus casos y si lo hace, causa normalmen­te daños materiales enormes. Pero consigue fama y, sobre todo, le da al autor la posibilidad de implementar en las historias muchas escenas de sexo. Mejor que la novela Secuestro de un viejo verde (1973) del mismo autor, pero con criterios objetivos no se puede hablar de una novela policíaca o de espionaje lograda. Cf. apartado 9.1.

Ángel, Alba Lucía, 1973, Dos veces Alicia, Barcelona, Círcu­lo de Lectores (1 a. ed., 1972).

Alicia vive en Londres en una casa con varios inquilinos. En el transcurrir de la narración, Alicia y el lector llegan a saber algo sobre la historia de la dueña de la casa, de sus esposos y aman­tes, y de los seis hijos que aparecen sucesivamente. Estructura narrativa compleja. A las investigaciones de Alicia sobre la mujer y su familia sejuntan citas de Alice in the Wonderland y de Arthur Conan Doyle. Hacia el final de la novela aparece Watson ( ¿se identifica Alicia con él ?), sin encontrar la solución de los misterios que surgen. ¿Novela policíaca?; de pronto compara­ble con Respiración artificial, de Ricardo Piglia, o con Prytaneum, de Ricardo Cano Gaviria, en cuanto al uso de estructuras de la novela policíaca. La Biblioteca Luís Ángel Arango clasifica la novela como policíaca.

Hoyos, Hernán, s.f. [1973], Secuestro de un viejo verde, s.I., s.p.d.i.

Intento de mezclar literatura pornográfica y novela policíaca: intento fracasado totalmente! Un viejo hacendado de los Lla­nos se casa con una viuda y la introduce en la (su) vida sexual; al principio contra su voluntad, después ella está fascinada. Mientras tanto llegamos a saber que el sobrino del viejo siem­pre necesita plata y que el viejo tiene un policía o general jubilado como amigo. Alrededor de la página cien desaparece el viejo; se sospecha de un secuestro de la guerrilla, pero rápi­damente el amigo llega a la solución: el sobrino la secuestró.

López Gómez, Adel, 1973, "Tribunal de hecho", en: Adel López Gómez, Asesinato a la madrugada y otros cuentos para la escena, Bogotá, Biblioteca Colombiana de Cultura, pp. 63- 79. Ejemplo de una pieza de teatro en la cual aparece algo como una trama policíaca. Los jurados discuten su decisión sobre un caso de asesinato y una de ellos logra convencer a los demás de que no se trata de asesinato premeditado. No la hace, sin embargo, a través del análisis de las pruebas o a través de una nueva investigación, como ocurre varias veces en la historia de la novela y del cine policíacos, sino porque conoce de cerca al acusado ya su historia. Por ende, el texto no cabe realmente dentro del marco del género.

Araújo, Roberto, 1974, Memorias póstumas del agente secreto Ramírez, funcionario del DAS, recopiladas y anotadas por Elmer Sánchez, su peor enemigo, Bogotá, La Soga al Cuello.

En el libro de cuentos, las cinco entregas de la historia del agente secreto son intercaladas con otros cuentos. La serie con el personaje Ramírez constituye una clara parodia de las nove­las de espionaje y, al mismo tiempo, comenta paródicamente la época de las grandes confrontaciones ideológicas en Co­lombia. Ramírez fue mandado a Panamá para un entrenamien­to especial con la CIA en la lucha contra la infiltración comunista en los países latinoamericanos. Pero Ramírez es todo, menos un 007. Sus misiones en la Universidad Nacional, en Bogotá, en Mompox y con su gran ídolo Gordon, fracasan invariablemente a pesar de todo el apoyo logístico que tiene a su favor. Cf. apartado 9.1.

Dulcey, Arcadio (Adolfo Gil Hernández), 1976, ¿Quién mató al carabinero? , Bogotá, Kelly.

Historia de cuarenta años antes, o sea, años treinta. Un carabi­nero se separa de su colega y desaparece; solamente se encuen­tra su caballo. Su jefe y un juez empiezan a investigar. El carabinero tenía la dueña de un bar como amiga/novia, pero esta pista no lleva a nada. Después aparece una muchacha, testigo de los acontecimientos: se encontraron tres personas en el lugar, hubo un tiro, el carabinero cayó de su caballo y desapareció. En medio de la narración tenemos siempre di­gresiones metadiegéticas sobre los personajes de la novela. Hacia el final, se intenta la reconstrucción del "crimen". Por casualidad, llega una de las tres personas que mencionó la muchacha y da la explicación. No hubo un tiro; una llanta de un carro explotó. El paradero del carabinero lo llegamos a saber de la boca de la dueña del bar y en el epílogo. Se cayó del caballo, un gringo lo recogió, se lo llevó a los Llanos y de allí se refugió en Venezuela. Novela policíaca paródica ( en El misterio en el cuarto 215, de 1941, se encuentra una referencia al caso del carabinero ).

Duque López, Alberto, 1977, Mi revolver es más largo que el tuyo, Bogotá, Colcultura.

Colección compleja de episodios y fragmentos: una familia va con frecuencia al cine; un hijo se especializa en el contraban­do; la policía lo persigue y mata a todo un grupo de civilistas antes de cogerlo a él; poco antes se encuentra el cadáver de la madre en el camino entre Barranquilla y Puerto Colombia. Ella trabajaba como prostituta (o tenía varios amantes), los hi­jos lo sabían. Embarazada, muere durante la operación del aborto. El médico, para que no descubran su oficio, riega las partes del cuerpo por la carretera (parcialmente hechos rea­les). Novela muy complicada y su pertenencia al género policíaco es por lo menos discutible.

Hoyos, Hernán, s.f. [1977], Coca, Cali, s. p.d.i.

Historia de un narcotraficante asesinado por un policía el cual, por su parte, también esta involucrado en el negocio. No es direc­tamente novela policíaca, más bien novela de crímenes.

Álvarez, Mauro, 1979, Alias Posadita / Confesiones de un vampiro, Medellín, Editorial Etcétera.

Versión novelada del famoso caso. Posadita mata a la ascensorista del edifico Fabricato en octubre de 1968, despe­daza el cuerpo y riega o empareda las partes por todo el edifi­co. Novela corta, narrada desde el punto de vista de un fabricante de quesos que participa en la búsqueda de la mujer. Algunas descripciones que le quitan a uno el apetito a queso, y otras, que se refieren al papel de los medios de comunicación, insinúan un trato paródico del evento. Hace del gran escánda­lo una lectura amena, sin entrar en la discusión sobre la culpa de Posadita.

Espinosa, Germán, 1998, Magnicidio, Bogotá, Magisterio (la. ed., 1979).

En un país imaginario de América Latina fue asesinado el presi­dente y anterior líder de la revolución (publicado alrededor de la revolución en Nicaragua; pero el país no se deja ubicar tan fácilmente). Es sospechosa la amante y compañera de la revolución, pues los dos tienen proyectos políticos distintos después de la victoria, especialmente en lo que se refiere a las relaciones con Estados Unidos. En el tribunal revolucionario se discuten todos los detalles del caso (cómo se perpetró el crimen, coartadas, etc.); al mismo tiempo se presentan, en la narración, todos los implicados. Las declaraciones del minis­tro de Relaciones Exteriores llevan a que ella sea absuelta de la acusación. El viejo y sabio secretario del partido, sin embargo, conoce a todas las personas desde su niñez, sabe que ella es culpable y que ella misma puso las pistas que llevaron a su liberación. Empieza a intrigar para que la mujer inocente que fue encarcelada en vez de la asesina, sea liberada, y con ello obliga a la amante del presidente a exiliarse. Importante la perspectiva de la narración. La novela está escrita en segunda persona, interrumpida por partes auctoriales. Solamente al fi­nal llegamos a saber que el narrador es el presidente muerto.

Hilarión Sánchez, Alfonso, 1979, Contrabando, Bogotá, Tercer Mundo.

El Handbook of latin American Studies (https://1cweb2.loc.gov/) lla­ma la novela un "picaresque detective thriller". Se cuenta la vida del pícaro Pedro Pinto, desde su juventud en un pueblo, pasando por el tiempo en el ejército, hasta sus distintos cargos en la administración de aduanas en Cúcuta, Barranquilla y Bogotá. De hecho, es mucho más una novela picaresca que un thriller:

Años 80

Martha Zapata, Manuel, 1980, El caso del rentista, s.l., Uni­versidad Simón Bolívar, Universidad de Medellín.

Una pareja de la clase media alta de Barranquilla investiga casos policíacos (o sea, tenemos aquí la primera detective pri­vada de Colombia). Él sale de la casa, busca pistas, se entrevis­ta con sospechosos, testigos, policías, jueces, etc.; ella escucha lo que él cuenta y saca, con su intuición, las conclusiones. El caso es simple: un señor rico y avaro que trabajaba en propiedad raíz, es asesinado al mediodía en su casa. Es sospechoso el hermano pobre y, como segunda alternativa, un celador (testigo de Jehová). El plot consta del típico caso de la novela poli­cíaca clásica. Los dos sospechosos no pueden ser los asesinos. Los demás, sobre todo el esposo de la sobrina, tienen una coar­tada perfecta. Los detectives emplean todas sus fuerzas en que­brantar la coartada, y, finalmente, lo logran. Intento de construir una novela policíaca de estilo Agatha Christie o Dorothy Sayers. Pero la historia no es lo suficientemente complicada para el tamaño de una novela; por eso el autor implementa muchas, para no decir demasiadas digresiones sobre religión, historia, sistema judicial y muchos temas más.

Perozzo, Carlos, s.f. [ 1980],Juegos de mentes, Bogotá, Oveja Negra.

La primera parte trata de un grupo revolucionario en la Uni­versidad ( ¿Nacional?) en Bogotá. Sigue la prehistoria de los personajes y, de vez en cuando, aparece un hombre raro que probablemente no es el narrador. En la mitad del libro, la mujer bella es asesinada; el grupo se disuelve y el protagonista empieza a investigar. En el caso principal no llega a una solu­ción, mejor dicho, llega a varias alternativas; lo que sí consi­gue es aclarar otros dos casos (el pianista con las manos independientes). Parcialmente muy interesante, sobre todo la técnica, aunque el comienzo es muy largo. Según Giraldo ( 1994), la novela tiene una tendencia hacia la novela policíaca.

Cano Gaviria, Ricardo, 1981, Prytnneum, Bogotá, Colcultura. Naturalmente, un manuscrito, mejor dicho, dos. G.N. vive -a la manera de Rayuela- con su novia en París. Se enteran a través de un escritor francés de un manuscrito sobre la exis­tencia del prytaneum en Colombia, una organización fundada en la Regeneración, para tener bajo el control absoluto la cul­tura y cuyo final se da con el Bogotazo. G.N. y su novia regre­san a Bogotá y empiezan a investigar. No encuentran pistas de la existencia de la organización, pero G.N. insiste. Cada vez que habla o dicta conferencias sobre el tema, aumenta la im­presión de que algo o alguien lo vigila. Al final, meten a G.N . al manicomio, sin que nosotros sepamos si por una enfermedad mental real o por la influencia del todavía existente Prytaneum. Cano Gaviria admite que se podría leer la novela como policíaca. Por la menos hay que discutir esa tesis. Cf. apartad07.4.

García Márquez, Gabriel, 1987, Crónica de una muerte anun­ciada, Madrid, Mondadori (la. ed., 1981).

La novela de García Márquez que más se acerca a los postula­dos de la novela policíaca; única novela colombiana que hasta el momento ha sido estudiada ampliamente por la comunidad científica internacional dentro de estos parámetros. Cf. aparta­do 5.4.

Gómez Remolina, J airo, 1981, El estrangulador de los Andes , Bogotá, Fotolito Calidad.

Uno de los innumerables libros (junto con Luís Ernesto Erazo, el autor había publicado anteriormente, en 1978, Enigma de la5 cenizas ) que juntan investigación periodística sobre aconteci­mientos o crímenes reales (o seudo-reales), con una presenta­ción bastante libre, sin atenerse a documentos, pero, a la par, sin lograr una versión literaria lograda. En este caso, se trata de la captura de un asesino en serie que había matado a lo largo de muchos años a niñas entre siete y catorce años en Colombia, Ecuador y Perú.

Echeverri Restrepo, Javier, 1996, La gota de aceite, Medellín,

Arbol de Tmta (la. ed., 1982).

Cuento largo ("Relato ácido") con el personaje Martín Zárate, el matón, que trabaja a cuenta propia en Bogotá, pero bajo la supervisión del coronel Soto-Montenegro. En este caso, lo lla­ma un tipo rico al que le habían robado un anillo con una esmeralda enorme. El trabajo consiste en eliminar al ladrón y devolver el anillo. Todo se desarrolla en el centro de Bogotá. El lenguaje es memorable -empleo de metáforas, diálogos directos- y recuerda de lejos a Hammett, si no fuera por la insistencia en la forma gramatical del presente (a la entrevista con el autor en el Dominical de El Colombiano, 31 de octubre de 1999). El personaje Zárate vuelve a aparecer en Echeverri ( 1990).

Duque López, Alberto, 1984, El pez en el espejo, Bogotá, Planeta.

Reconstrucción de un crimen cometido durante el carnaval de Barranquilla. U n muchacho pasa mucho tiempo en la casa de dos mujeres. Un día, mata a la abuela, a la hija ya la sobrina. La historia es real, pero al parecer Duque López cuenta los hechos totalmente distinto (cf. Bacca, 1998: 189-190). De to­dos modos, es una novela muy compleja desde el punto de vista de las perspectivas narrativas, la construcción, los monólogos o diálogos interiores. ¿Novela policíaca o no? , esa es la pregunta.

Castro Caicedo, Germán, 1985, El Karina, Bogotá, Plaza & ]anés.

Uno de los libros clásicos del periodismo investigativo del autor que hizo famoso este género en Colombia. El libro consiste en­teramente de transcripciones de testimonios, declaraciones y entrevistas de los involucrados en el hundimiento del barco El Karina, en 1981, que transportaba armas desde Europa a Co­lombia para el M-19. Cf. también Gómez G. (1998).

Ayala Poveda, Fernando, 1986, El club de la dalia azul: cuen­tos policíacos, Bogotá, Centro Colombo-Americano.

La primera parte del libro ( 15- 79) comprende seis cuentos con el personaje del comisario Arturo Oviedo, de Bogotá. Cada uno de ellos intenta relatar la historia con una técnica narrati­va distinta. La primera, por ejemplo, la que lleva el mismo título del libro, consta de escenas en un burdel, introducidas por breves anotaciones sobre la ubicación temporal y de lugar, pero el texto de los interrogatorios no reproduce las interven­ciones o preguntas del comisario (ellas aparecen como "-..."). Solamente en la última escena se 'escucha' la voz del policía. Tanto el personaje, como su entorno, como la capacidad na­rrativa y el conocimiento del género que demuestra el autor en esa miniserie, habrían sido un buen fundamento para una ver­dadera serie de novelas policíacas con el detective Oviedo. Pero infortunadamente, Ayala Poveda prefirió dejar morir a su personaje en una ruleta rusa al final del último cuento. Segura­mente, sus cuentos dan "un paso adelante en este género literario" (Isaías Peña-Gutiérrez, en su prólogo) en el país, pero quizá el país todavía no estuvo a la par con este paso en direc­ción a la serie. ¡Altamente recomendable!

Téllez, Pedro Claver, 1987, Crónicas de la vida bandolera. Historia de los bandoleros colombianos más famosos del siglo XX, Bogotá, Planeta.

Como lo dice el título, trátase de crónicas (noveladas) sobre la vida y los crímenes de una docena de bandidos y bandas des­de la Guerra de los Mil Días hasta los conflictos de los esmeralderos. Ejemplo de los múltiples escritos de Téllez den­tro de este género.

Rubiano Vargas, Roberto, 1988, Una aventura en el papel, Bogotá, Carlos Valencia. Novela policíaca para jóvenes. En una ciudad aparece un carro con Felipe Marlo, un viejo detective retirado a la búsqueda de historias policíacas. Ayuda a un gru­po de artistas que buscan a sus colegas, secuestrados por el General. Encuentran el palacio y liberan a los secuestrados, con la ayuda de la tropa de Lope de Aguirre, que ha sido materializado por un sueño de uno de los secuestrados. Muy interesante la mezcla de novela para jóvenes, género negro y novela fantástica.

Echeverri Restrepo, Javier, 1988, La serpiente siete, Bogotá.

Árbol de Tinta, 1988.

Un hombre, aparentemente rico, que se ha vuelto medio loco en sus últimos años, les deja a sus hijos un testamento miste­rioso. Uno de ellos trabaja años en descifrar el misterio de un amuleto y el dibujo de una serpiente, para encontrar las pistas que le puedan llevar al tesoro del padre. Cuando él se muere, sigue su hijo en la búsqueda, logra entender el mensaje cifra­do, pero se da cuenta de que no se trata sino de un chiste del abuelo. No hay tesoro. La única herencia de valor es un bar, pero éste casi le cuesta la vida al nieto, porque no lo quiere vender a unos mafiosos que se habían instalado en él. Sobrevi­ve dos atentados y se retira a la casa del abuelo. El autor llama a su texto "relato ácido" y lo vincula con el género negro. De hecho, hay una investigación -bastante esotérica- y los intentos de matar al nieto, pero, en su totalidad, la breve novela no constituye el ejemplo más claro de una novela policíaca.

Años 90

Bacca, Ramón Illán, 1990, Deborah Krnel, Bogotá, Plaza & Janés.

Un periodista intenta reconstruir la historia de Deborah Kruel, una posible espía de los nazis en la costa. La Wehrmacht manda dos aviones para destruir el canal de Panamá, objetivo que no consiguen. Mientras tanto, la ciudad es un nido de chismes y de sospechas; todo el mundo sabe quién es quién, solamente los espías reales no lo saben. Estructura narrativa compleja, varios niveles temporales y narrativos. Novela de espionaje, importante. Cf. apartado 9.2.

Echeverri Restrepo, Javier, 1999, Besa mi tumba, Medellín, , .

Árbol de Tinta ( 1a. ed., 1990).

Segundo relato con y sobre el matón Martín Zárate (cf. Echeverri, 1981 ). Esta vez se puede hablar realmente de una novela. Zárate trabaja para un ganadero super-rico; tiene que comprobar que la hija de éste se acuesta con un narcotraficante y, en el caso de poder comprobarlo, matarlo. Ambos objetivos los consigue, pero en el transcurso de la investigación se da cuenta de que la chica no solamente se acuesta con este tipo sino con varios. El narcotraficante se venga de uno de sus riva­les. Martín necesita de la ayuda de unos amigo para "quebrar­lo": porque anda siempre con seis guardaespaldas. El problema: Zárate se enamora de la chica y ésta va a ser asesinada (no sabremos por quién ni por qué). Otra vez llama la atención el lenguaje empleado y, por ser esta vez una verdadera novela, la manera como Echeverri logra transferir el motivo del sabueso, atrás de la pista del malvado, en el del matón, atrás la pista de otro malvado, incluyendo sus remordimientos o dudas existenciales antes de ejecutarlo. Algunas digresiones sobre autodefensas y paramilitarismo. Cf. apartado 10.1.

Hoyos, Juan José, 1990, El cielo que perdimos, Bogotá, Planeta. Un reportero de un periódico de Medellín es casi testigo de un asesinato. A lo largo de las muchas páginas de la novela investiga de vez en cuando, pero pareciera como si Hoyos hu­biera intentado escribir una novela policíaca híbrida, mezclán­dola con otros géneros novelescos. Aparecen la política (era Turbay), el sistema judicial, la prensa, la ciudad, la muerte del papá del reportero, su matrimonio, su amiga-novia y muchos asuntos más que no llegan a una síntesis lograda. No es el mejor exponente de la nueva novela policíaca colombiana.

Espinosa, Germán, 1994, La tragedia de Belinda Elsner, Bo­gotá, Tercer Mundo ( 1a. ed., 1991 ).

Prehistoria: El esposo y el hijo de Belinda son paralíticos. En un ataque histérico o maniático, ella mata al esposo. Años des­pués: Belinda vive en una clínica siquiátrica, el hijo es un músico famoso, una tía le ayuda. Cuando Belinda huye de la clínica, empieza una serie de asesinatos de los miembros (todos paralí­ticos) del grupo musical del hijo. Una juez y su colega investi­gan (algunas escenas bien chistosas); muchas teorías, la búsqueda en Bogotá, disertaciones sicológicas, pistas. El final parece como una adaptación de una película norteamericana, con la solución: Belinda murió el mismo día de su fuga de la clínica, el perro de su hijo la mató. El hijo, cuya enfermedad es sicosomática, adquiere la personalidad de su madre y mata a sus colegas porque asume el odio de la madre hacia los minusválidos. Mucha teoría sicológica, pero en general, nove­la policíaca sólida.

Salazar, Boris, 1991, La otra selva, Bogotá, Tercer Mundo. Historia de los últimos meses de la vida de José Eustasio-Rive­ra. El escritor vive en New York y trabaja en una nueva novela. Los líderes de la colonia colombiana en Estados Unidos pa­gan un detective privado para vigilarlo y conseguir informa­ciones sobre el tema de la novela; temen que podría contar algo sobre sus negocios sucios. Al mismo tiempo nos entera­mos de la vida emocional de Rivera y su relación con una mujer. En el transcurso de su investigación, el detective cam­bia de lado, pero los que lo contrataron ya saben que sí hay peligro para ellos. Cuando Rivera termina su novela, solamen­te logra enviar el manuscrito a Colombia antes de morir enve­nenado. Nadie le cree al detective, quien "escribe" sus recuerdos muchos años después. Cf. apartado 7.4.

Rubiano Vargas, Roberto, 1992, El informe de Gálves, Bogo­tá, Instituto Distrital de Cultura y Turismo.

Libro de cuentos. Dos de ellos se refieren a una novela policía­ca de 1948 Con el tema del asesinato de Gaitán: el primero cuenta la historia del reportero que encuentra al escritor que había escrito la novela hacía tantos años, para verse, de inme­diato, involucrado en un caso policiaco. El segundo cuento es una parte de la novela. Importante para la pregunta: ¿por qué no hay más novelas policíacas ubicadas en la Violencia? (Cf. también la referencia a la mencionada novela, en un cuento del libro Vamos a matar al dragoneante Peláez, 1999). Cf. apartado 7.1.

Jaramillo, Ana María, 1993, "La curiosidad mató al gato", en: Ana María Jaramillo, Crímenes domésticos, Bogotá, Colcultura, pp.65-125.

Novela corta o cuento largo que presenta a la primera detective privada de la literatura colombiana que investiga -casi- sola (cf. también Marthe Zapata, 1980). La detective privada Marcela encuentra, cerca de su casa en México, una maleta llena de papeles y fotos. Empieza a investigar sobre la mujer que apare­ce en una foto, hasta llegar, junto con un amigo que nunca sale de su casa, a conocer su historia: murió asesinada en 1968; el esposo es condenado y se suicida en la cárcel. Paralelamente, la detective trabaja en un caso unicorriente: vigila al esposo de su cliente. Demasiado tarde se da cuenta de que la mujer es la infiel y que necesita de la detective para asegurarse de que el esposo realmente sale de la ciudad. También sabemos que Marcela busca y no busca a su hermana que diez años antes desapareció. No del todo convincente, pero tampoco mal.

Duque López, Alberto, 1995, Muriel mi amor, Bogotá, Cír­culo de Lectores, Intermedio (1a. ed. , 1994) .

Un guardaespaldas, refugiado en la costa, cuenta de tres o cua­tro casos en los cuales él no pudo cumplir con sus obligaciones, mejor dicho, todos sus clientes murieron. Llega a saber que al­guien lo quiere matar a él y su refugio no le sirve de nada, lo matan. Novela ya preanunciada en la novela Alejandra. N o es realmente una novela policíaca, pero algo parecido.

Iriarte, Fernando, 1994, El ojo y la culpa, Bogotá, Ecoe.

El escritor Héctor Rúa presencia un asesinato. Después vuelve a ver al asesino, lo persigue. Interviene otra historia y al final todo está en orden. Es un intento de escribir una novela policíaca.

García Márquez, Gabriel y Georges Simenon, 1994, El mismo cuento distinto / El hombre de la calle, Barcelona, Tusquets. Nueva incursión de García Márquez en el género policiaco, esta vez con la reescritura de un cuento policiaco de Simenon. No es, en lo temático, policiaco, lo que escribe García Márquez, pues cuenta de la búsqueda de un cuento que perdió cuarenta años antes, pero estructuralmente es paralelo a la historia que cuenta el belga. Cf. apartado 5.5.

González Toledo, Felipe, 1994,20 crónicas policiacas, Bogo­tá, Planeta.

El libro pertenece, en realidad, a los años cincuenta y sesenta, no solamente porque la mayoría de las crónicas hayan surgido en esa época (cf. Echavarria, 1956), sino también por el género que representan: la crónica roja. Lo específico de la recopila­ción consiste, sin embargo, en el hecho de que González Toledo no seleccionó sus viejos textos, sino que los escribió de nuevo. Sobre el resultado se puede discutir; de todos modos nos aleja bastante de la novela policíaca este modo de escribir sobre crímenes.

Vallejo, Fernando, 1994, La virgen de los sicarios, Bogotá, Santillana.

Un colombiano regresa a Medellín y empieza relaciones ho­mosexuales con muchachos sicarios. Visita muchas iglesias de la ciudad, presencia varios asesinatos, diserta sobre el lenguaje de los jóvenes de los barrios, sobre la cultura y muchas cosas más, pero en un lenguaje y un estilo narrativo excelente. Su primer amante es asesinado, y su "investigación" da con el asesino: su segundo amante. Cf. Franco Ramos (1999), y Collazos (1997): literaturización de la época de Pablo Escobar. Cf. apartado 10.2.

España, Gonzalo, 1995, Implicaciones de una fuga síquica, Bucaramanga, La Balandra (2a. ed., ligeramente cambiada y con el título Mustios pelos de muerto, Bucaramanga, Sistemas & Computadores, 1999).

Primera novela de la trilogía. El horrible crimen debajo de un puente del ferrocarril, la detención de un sospechoso, la bús­queda de otro y la reconstrucción de los hechos que propone el abogado Laurentino, conforman el marco de la novela poli­cíaca que pone en el centro de su interés al fiscal Ventura, quien acaba de llegar a Alcandora (Barrancabermeja), a sus intentos de instalar allí la justicia, en medio de la selva y del calor insoportable, ya esta ciudad que se resiste a aceptar las utopías que generó la nueva Constitución en el soñador Ventu­ra. Cf. capítulo 11.

Escobar Giraldo, Octavio, 1995, Saide, Bogotá, Ecoe.

Un hombre va de Bogotá a Buenaventura como jefe de una pequeña empresa de correos. Allí conoce a Saide. Después del asesinato de ella, empieza a investigar en su vida con el médi­co que tenía que refugiarse en Buenaventura. En la escena fi­nal, el médico le cuenta toda la historia. Buena novela policíaca. Cf. capítulo 11.

Iriarte, Rogelio, 1995, Un hilo de sangre por la escalera, Bo­gotá, Ecoe.

Historietas policíacas, o bien crónicas rojas sobre crímenes que tienen algo como una coherencia por la aparición constante del teniente Martín. Cita de la contraportada: "El autor y cro­nista es un espectador aterrado".

Rivera, Jorge C., 1995, Volver a Exantú. Tras los misterios de un país enigma, Bogota, Ecoe.

Según la contraportada, el autor concibió la novela en 1988. Se trata de una novela que trabaja el asesinato de un líder po­pular que iba a lanzarse a la presidencia del país Costa de Oro, al oriente de Venezuela, en 1951. U n estudiante de Costa de Oro investiga, en 1972/1973 el caso para su tesis de doctorado en Estados Unidos; encuentra en las fotografías algo como una pista y regresa a su país para seguir investigando. Una segunda historia es la relación con su padre, quien huye de los dis­turbios en el país, se encuentra con Roberto, hablan mucho sobre el país, su pasado y su futuro. Cuando llegan a la capital después de que la situación se calmara, Roberto La Cruz busca verificar los datos que encontró. Logra, finalmente, tener algo como una hipótesis: la de una conspiración de personas que vinieron de la Alemania Oriental y desaparecieron después del asesinato. El que Roberto haya encontrado la pista correc­ta, lo corrobora la persecución por parte de un desconocido. Mientras tanto, Roberto se enamora de una mujer misteriosa. Al final llegamos a saber que ella es una princesa, descendien­te de los anteriores emperadores del imperio indígena. Hay una conexión entre la antigua cultura y los asesinos del líder popular en 1951, pero ni Roberto, ni los sabios en el santísimo de la parte alta de Atahuán son capaces de esclarecerla. La novela no es mala. Claro está, tiene demasiados temas: la cul­tura antigua, la situación política actual, las digresiones de los personajes sobre culturas y política y modernización, la dicta­dura y el nuevo comienzo de la democracia, los estudios en Estados U nidos; pero se puede leer como thriller y como inves­tigación histórica en un caso concreto; y, obviamente, como novela sobre el caso Gaitán, cifrada. Cf. apartado 7.2.

Téllez, Pedro Claver, 1995, La hora de los traidores. La cace­ría de Sangrenegra, Bogotá, Panamericana.

En comparación con las crónicas de Téllez (1987), tenemos aquí un ejemplo de una versión más larga y más novelada de las investigaciones de Téllez sobre los bandoleros colombia­nos. Narra los últimos días del forajido jacinto Cruz Usma, llamado Sangrenegra, en el norte del Valle, en 1969. El libro pertenece al género de novelas (con trasfondo real) de críme­nes y criminales.

Aguilera, Luís, 1996, Fulanitos de tal, zutanitas de tul, Bogo­tá, Planeta.

Un hombre desaparece en Bogotá en un burdel. Después de una llamada anónima y por pura casualidad, la policía co­mienza a investigar. El fotógrafo de la policía repara en un vaso con un mordisco. Por fin quiere hacer algo en su vida y sigue con la investigación ya archivada por los detectives. Por pura casualidad, un juez perezoso también se ve obligado a resolver el caso. La viuda del desaparecido no encuentra traba­jo y empieza como prostituta en el mismo burdel. Años más tarde, juez y fotógrafo se encuentran y se cuentan la historia de sus investigaciones, que no han llevado sino a la pérdida de sus puestos de trabajo. Parodia del sistema policial y jurídico en Colombia; parodia del esquema policiaco. Importante. En la Biblioteca Luís Ángel Arango clasificada como novela poli­cíaca. Cf. capítulo 11.

España, Gonzalo, 1996, La canción de la flor, Bogotá, Pana­mericana.

Segunda novela con el fiscal Ventura, quien investiga el asesi­nato de un excantor de óperas y fundador del prostíbulo más importante del lugar. Paralelamente a su muerte, ocurren unos asesinatos en el burdel, que tienen como trasfondo la tradición de la violencia y el gamonalismo de la región. El abogado Cristófor es nuevamente la figura central. Al final le puede explicar al fiscal por lo menos algunas de las complicadas in­trigas que llevaron a establecer parcialmente justicia sin la in­tervención de la fuerza pública o, mejor, abusando de ella. Cf. capítulo 11.

Muñoz, Carmen Victoria, 1996, Un gato en el acuario, Bo­gotá, Magisterio.

Novela policíaca (bien) hecha al estilo de Hammett y Chandler, con el detective privado Felo Montana. Mitades de los años ochenta: una mujer le pide a Felo ayuda en el caso de su espo­so. Éste desapareció cuando se dio cuenta de que su viejo com­pañero de tráfico de drogas regresa al país después de quince años en una cárcel de Estados Unidos. Recién llegado a Co­lombia, el compañero es asesinado. Nuestro detective tiene que luchar en varios frentes: un policía detesta a los detectives privados, pero otro es amigo de Felo; una periodista quiere algo de Felo, más él detesta a los periodistas; el suegro del desaparecido es un senador de la República; la mafia, final­mente, empieza a amenazar a Felo. Final: la hija de la mujer es hija del compañero asesinado. Embarazada, decidió entregar el padre de la bebé a la policía, para poder vivir tranquila con el amigo de éste. Cuando el compañero regresa, lo asesinan {no queda claro si la mujer supo de los planes del esposo, y si supo, por qué entonces solicitó ayuda al detective). La mafia está enojada porque había empezado a trabajar con el muerto, y por eso matan a los dos. La hija se queda con el abuelo senador y el detective privado detesta a la mafia, pero recibe un honorario de ella. Cf. capítulo II.

Parra Sandoval, Rodrigo, 1996, Tarzán y el filósofo desnudo, Bogotá, Arango Editores.

Faraón Angola, oriundo de Buenaventura, negro, profesor de filosofia en Cali, dueño de un diploma de detective de una escuela de Miami y socio de una agencia de " detectives de amor", asume un caso insólito que requiere de toda su dedica­ción -y de un Watson; concretamente, de su discípula Deifilia-. El Filósofo Caleño le cuenta de una sueño en el cual apareció una mujer asesinada; del lugar del crimen huyeron, supuestamente, los nueve filósofos de la Facultad y después llegaron, probablemente, Tarzán y Chita. Para llevar a cabo su investigación, el ex-decano le entrega al filósofo-detective un manuscrito que había escrito durante el último año. Desde la cama, Faraón y Deifilia emprenden la labor de leer el texto y de comentarlo e investigarlo metódicamente {desde el punto de vista del filósofo, de la ayudante y del detective). Al final de la investigación -repartida en once semestres-, el detective reúne a todos los personajes del libro, los aburre con su solilo­quio y llega a la conclusión que el caso consiste de distintas líneas de sueños que construyen personajes, los cuales, por su parte, se inventan al soñador que los sueña. Se trata, como era de esperar en un escritor experimental como Parra Sandoval, de un texto filosófico-detectivesco extraordinario.

Rubiano Vargas, Juan Carlos, 1996, Tres exóticas aventuras de Ray López, detective privado, Bogotá, Círculo de Lectores.

Tres parodias maravillosas del género negro {y del realismo mágico). Chistoso, con un lenguaje apropiado, las historias obviamente rebuscadas {el tipo que chantajea a la gente con la amenaza de despertar a los cadáveres ya podridos de sus fami­liares; el atomizador que produce iguanas, etc.), las escenas con la novia Soraya casi perfectas. Desgraciadamente no son novelas de mayor extensión, sino más bien cuentos largos. Cf. capítulo 11.

Salazar, Boris, 1996, El tiempo de las sombras, Neiva, Instituto Cultura Popular de Neiva.

Historia de un colombiano en Estados Unidos. Asesinato de un coreano que produce películas pornográficas; una mucha­cha sordomuda, abusada como actriz en las películas, es testi­go, pero no delata a los asesinos. Estructura compleja.

Vergara Padilla, J. R., 1996, Más allá de la traición, Bogotá, Plaza & Janés.

La cosa empieza de manera insólita. El señor Albeiro Quintero se da cuenta de que anda en el limbo ("umbral de los muer­tos"), pero no se acuerda cómo murió. Entonces quiere saber la verdad y le conceden la investigación. Hasta la mitad del libro se intercalan dos prehistorias: la una, del personaje muerto; la otra, de la mujer Azucena, quien desempeña el papel de prota­gonista de la historia (muchacha que huye con el novio, cae en la pobreza absoluta, trabaja en un burdel, es rescatada por un narcotraficante, toma las riendas y se convierte en la gran jefe del grupo, hasta caer nuevamente en la pobreza absoluta). Cuan­do se juntan las dos prehistorias, ocurre un asesinato y el me­jor detective de la policía de Bogotá investiga el caso. En esa parte, la de la investigación de Gustavo Soto, tenemos una novela policíaca sólida. La otra queda insólita. Se nos presen­tan escenas y diálogos llenos de contradicciones. En el nivel narrativo-narratológico no se entiende por qué el autor se in­venta primero una pobre ánima que tiene la posibilidad de trascender tiempo y espacio en su investigación, para después ponerle encima un narrador omnisciente, que nos cuenta los resultados de la investigación de Albeiro; cf. la solución mucho más elegante de Espinosa ( 1979), para un problema narrativo parecido. A pesar de todos los problemas, se trata de una novela policíaca.

Collazos, Oscar, 1997, Morir con papá, Bogotá, Seix Barral. Historia de dos sicarios -padre e hijo- en Medellín, en los tiempos de Pablo Escobar. Fracasan en uno de sus "trabajos", el padre sale herido. La mafia los esconde hasta que decide desha­cerse de ellos. Matan a sangre fría al padre. El hijo, descono­ciendo la muerte del "papá", hace otro "trabajo", lo logra, pero, huyendo del lugar del crimen, los propios compañeros lo ma­tan. De las tres novelas con el mismo tema (Vallejo, 1994, y Franco Ramos, 1999) es probablemente la que menos recursos narrativos emplea para novelar los comienzos de los años no­venta en Medellín.

Fonseca Jiménez, Hernán Joaquín, s.f. [¿1997?], Amor y crimen, Tunja, Universidad Pedagógica y Tecnológica de Co­lombia.

Como novela policíaca, verdaderamente mala. Un profesor de un colegio se enamora de una dama casada de la ciudad ([unja). Para poder vivir con ella en otro lugar, necesita dinero. Intenta conseguirlo a través de un secuestro, preparado de manera in­sólita y perpetrado con todos los errores posibles. La investigaciónn casi no existe porque las pistas que deja parecen un camino de elefantes. El narrador se refiere a un manuscrito que había encontrado por casualidad (como Umberto Eco); pero no es capaz de seguir esa línea narrativa. Mezcla distintas perspecti­vas para aumentar la complejidad narrativa, pero desemboca en el caos narrativo.

Franco Ramos, Jorge, 1997, Mala noche, Bogotá, Plaza & Janés.

Bogotá: en una serie de asesinatos, alguien les corta la cabeza a prostitutas. Una de ellas, algo así como la amiga de las demás, ve un caso directamente delante de sí, sin reconocer el asesi­no. A la par, es amante del hijo de una amiga. A través de alusiones y fragmentos, llegamos a saber algo sobre la historia de ella. La fuente principal para estas informaciones es un programa nocturno de radio. A través de este medio se prepa­ra el encuentro con la hija que ella ha dejado hace años para ir al centro de la ciudad, a la zona roja, allá, donde desapareció su hijo. Al final, ella es asesinada también. Comienza como negra para dar lugar lentamente a la reconstrucción del pasa­do de la mujer. Novela que merece más atención que Franco Ramos (1999).

Gamboa, Santiago, 1997, Perder es cuestión de método, Bogo­tá, Planeta.

El reportero Víctor Silanpa, con hemorroides, recibe la noticia de que se ha encontrado un cadáver empalado en las afueras de Bogotá. Él y la policía empiezan a investigar. Se trata de una historia de corrupción en negocios de construcción a gran escala en Bogotá, en la cual ganan distintas empresas, varios abogados y un concejal. El policía que había llamado a Víctor escribe textos durante una cura para adelgazar; en ellos, se presenta a sí mismo como el representante ejemplar del Esta­do. Cuando el caso se acerca a su fin -también está involucrado un grupo de nudistas; el cadáver ha sido robado varias veces y transportado por toda Colombia; un tipo totalmente ajeno fue asesinado para disimular la falta del cadáver-, el mismo poli­cía cierra las actas para aceptar el puesto de jefe de seguridad de una empresa de construcciones. Tiene prácticamente todo lo que necesita una buena novela negra. Cf. capítulo 11.

Hernández, Manuel, 1997, Ese último paseo, Bogotá, Arango Editores, Uniandes.

El manuscrito perdido en circunstancias nunca aclaradas, ano­taciones en un diario ya no del todo entendibles y otras bús­quedas, llevan al narrador y profesor universitario al encuentro de un manuscrito detrás de otro. No en vano, la aparición de los textos ocurre en el contexto de "conferencias sobre Borges en la Biblioteca Nacional" (17) y de distintas visitas al Cemen­terio Central de Bogotá. La persecución de textos se convierte, de esta manera, en una verdadera adicción al descubrimiento de lo heterodoxo, de lo heterogéneo, de lo no publicado y enterrado. La pregunta por el status policiaco de la novela tiene que quedar sin respuesta definitiva; solamente podemos proponer aquí una lectura paralela del libro con textos como Prytaneum de Cano Gaviria ( I 9S1 ) en Colombia, con Respira­ción artificial, del argentino Ricardo Piglia o con Se una notte d'inverno un viaggiatore, del italiano ltalo Calvino.

Iriarte, Rogelio, 1997, Asesinos sociedad ilimitada, Bogotá, Ecoe. Una narración marco con el coronel Palacio, y varias historias contadas o vividas para rellenar. Cita de la contraportada: "!Oh horror!, se corre un velo, se desnuda una verdad y asesinar se convierte en oficio rentable".

Pérez Silva, Vicente, 1997, Dionisia de Mosquera: amazona de la crueldad, Bogotá, Temas de Hoy.

Reconstrucción del asesinato del esposo de Dionisia en la Popayán del siglo XVIII, con ella misma como autora intelec­tual. ¿Novela, novela histórica, novela de un crimen, novela policíaca? El texto es, más bien, una investigación o documen­tación histórica.

Baena, J osé Gabriel, 1998, La Virgen Luna, los Siete de Uranin y el Dragón Láser, Medellín, Crucifixión Rosada Editores. Definitivamente, no es novela policíaca, a pesar de personajes como Penene Bogart, Detective Licántropo, ya pesar de autodenominaciones como: "(en las novelas policíacas, como ésta, hay que ser lo más precisos posible)" (102); o: "(en estas novelas policíacas hay que ser tan exactos)" (103). Se trata, como dice el entrevistador en la entrevista (¿ficcional?) al final del libro, de "una obra de pastichería literaria, esto es, armada mediante un prodigioso trabajo de de-fragmentación y/o de­construcción" (213).

Gómez G., Ignacio y Peter Schumacher, 1998, La última misión de Werner Mauss, Bogotá, Planeta.

Uno de los ejemplos del periodismo investigativo en la tradi­ción de Germán Castro Caicedo. Partiendo de la captura de Mauss en Colombia, reconstruyen la historia del espía, sus acti­vidades en Colombia y las relaciones de empresas y gobiernos con él. Gran parte del libro consiste en transcripciones o co­pias de documentos y declaraciones. La gran cantidad de tex­tos en la misma línea (sobre los asesinatos de Gaitán, Galán, Pizarro, Pablo Escobar, Giacomo Turri, etc.) no permiten un listado completo en el contexto de la investigación de la nove­la policíaca.

Mendoza Z., Mario, 1998, Scorpio City, Bogotá, Planeta, Seix Barral.

El comisario Sinisterra investiga el caso de un asesino en serie que les corta la garganta a prostitutas (cf. Franco Ramos, 1997). Encuentra la pista de una secta religiosa que colabora con la policía y que se especializa en limpieza social. A Sinisterra lo echan de la policía, lo secuestran, le inyectan drogas; pierde la memoria, vive con los recicladores de la Calle del Cartucho; los organiza para defenderse de la limpieza social, tiene que huir y muere. En el epílogo establece la relación con el libro anterior: La ciudad de los umbrales ( 1994). Todo parece un poco esquemáti­co, un poco exagerado, demasiado claro.

Argüello, Rodrigo, 1999, Trancón sobre el asfalto (Vida y obra de un asesino neto), Bogotá, Letra Escarlata.

El mismo autor llama el género de su libro " Picaresca negra" . Se trata de la narración de un sicario/criminal en Bogotá, que se dirige directamente al lector. El plot: el "héroe" pasa sus días caminando por las calles de Bogotá. De vez en cuando hace citas con prostitutas caras y de vez en cuando es invitado a participar en un crimen. Esta vez, él y su compañero roban cuadros de una exposición. Otro grupo quiere participar y los extorsiona, con el resultado de que el narrador los mata. Buen empleo del lenguaje; demasiado corta; no es novela policíaca clásica, sino novela negra/novela de crimen. Cf. apartado 10.1.

Collazos, áscar, 1999, La modelo asesinada, Bogotá, Seix Barral.

Raúl Blasco, ex fiscal que tuvo que renunciar a su cargo por presiones políticas, vive cómodamente, gracias al dinero de su mujer, en un apartamento encima de la Séptima en Bogotá. Desde su piso veintiocho observa con una cámara la vida pri­vada de sus vecinos. Una noche es testigo de un asesinato. Investiga junto con su amigo Clemente Arias de la fiscalía. La mujer asesinada es una de las modelos más cotizadas del país. El apartamento del crimen pertenece a un senador de la República. Involucrados en el caso son: un abogado de mala muer­te; un narcotraficante; la jefe de una agencia de modelos; un economista que maneja mucha plata; otra modelo. Personajes secundarios: un pobre diablo que mete una bomba; un poeta y un periodista; la esposa de Raúl; una amante de la jefe de la agencia de modelos; un tipo que gana su plata en el mercado de carros robados; un traficante de armas; el presidente Samper y su proceso; la ciudad Bogotá; la corrupción del Estado; la narcotización de todo; las instituciones. Resultado: la modelo tiene que morir porque sabe demasiado de los negocios del economista que lava el dinero del narcotraficante y trafica ar­mas para los paramilitares. Al senador de la República no le pasa nada. Los demás implicados confiesan para conseguir rebaja de pena y para hundir a los demás. Faltan otros dos personajes: áscar Collazos que aparece por ahí (331) sin moti­vación; y la novela como tal. Obviamente, el personaje princi­pal' Raúl, narrador en primera persona, quiere escribir una novela: "de escribir una novela, sería lo más parecido a un expediente policiaco" (169), "se dijo el aprendiz de novelista" (218). Collazos escribe bien, sin lugar a dudas, y el plot policíacoo está bien construido, pero hay una exageración de temas. Cf. capítulo 11.

Echeverri Restrepo, Javier, 1999, Ataúd x teléfono, Bogotá, Magisterio.

La novela corta aparece en una serie con cuentos infantiles y juveniles. De hecho, no creo que sea apta para jóvenes, porque es demasiado confusa. Un hombre recibe una llamada amena­zante: que tiene que cancelar la cuenta del transporte de su ataúd desde jardín a Medellín. El hombre llama a su novia para informarla de la llamada. La segunda parte de la novela es contada desde la perspectiva de la novia. Ella empieza a investigar en el destino del amigo desaparecido. Con la ayuda de la policía encuentra la tumba; viaja con el inspector a Jar­dín. Allí escuchamos a lo largo de ocho páginas (de las cin­cuenta en total) un diálogo sobre la reconstrucción de la ciudad, sobre el arte, sobre arquitectura. La indagación no lleva a nin­gún resultado, el caso es archivado. Tiempo después, la novia cree haber encontrado una nueva pista, la policía vuelve a abrir el caso, para archivarlo nuevamente después de unos interrogatorios.

España, Gonzalo, 1999, Un crimen al dente, Bucaramanga, Sistemas & Computadores (2a. ed., corregida y ampliada, 2000). Tercera novela de la serie con el fiscal. El dueño del restauran­te italiano aparece asesinado. Sospechoso es el vago que vive en el parque y que había entablado amistad con el italiano. Otra vez interviene el abogado y llega a la conclusión: no se trata de asesinato, sino de un accidente o, mejor dicho, de una nueva versión del Doble asesinato en la Rue Morgue. Uno delos micos del parque es responsable de la muerte del chef de las pastas. La trama policíaca no convence tanto como la de la segunda novela de la serie, pero importante es el trabajo con Edgar Allan Poe. Cf. capítulo 11.

Franco Ramos, Jorge, 1999, Rosario Tijeras, Bogotá, Plaza & Janés.

La tercera de las novelas sobre el tiempo del sicariato y Pablo Escobar (cf. Vallejo, 1994, y Collazos, 1997). En Franco Ramos se puede llegar a la impresión de que él quisiera aprovechar este pequeño boom y, de hecho, lo consiguió. El narrador es­pera en un hospital. A su amiga y antagonista Rosario, le ha­bían dado unos tiros. Mientras él reflexiona sobre la historia de su relación, la operan. El narrador no es precisamente el amante, sino el amigo de uno de los amantes de Rosario, am­bos de la parte rica de la ciudad. Rosario viene de los barrios de arriba. De allí trajo también sus costumbres, sus amigos y la violencia que al final acaba con ella. ¿Visión del mundo dema­siado dual?

Rubiano Vargas, Roberto, 1999, En la ciudad de los monstruos perdidos, Bogotá, Panamericana.

Segunda novela infanto-juvenil con el detective Felipe Marlo (cf. Rubiano Vargas, 1988). Esta vez les ayuda a los habitantes de una ciudad -todos ellos monstruos que quieren vivir en paz- amenazados por Wayne, el cazador, que trabaja para una compañía de películas. El tema central no es una investiga­ción, ni la persecución del malo, ni la protección de los mons­truos indefensos, sino la reflexión sobre el género de las películas de terror.

Rubiano Vargas, Roberto, 1999, Vamos a matar al dragoneante Peláez, Bogotá, Planeta.

Libro de cuentos sobre determinadas épocas del país {entre 1900 y 1995). Se siente una clara influencia de distintos géne­ros y subgéneros narrativos -entre ellos la novela negra, espe­cialmente el hard-boi1ed y la novela de espionaje- que se mezclan a lo largo de los once relatos. Para el tema de la novela negra son de especial interés los dos primeros cuentos: "Un agente secreto de la Guerra de los Mil Días" y "El policía, el poeta y el anarquista". En "Las vacaciones de Mr. Rochester", vuelve a aparecer la novela policíaca perdida de El informe de Gálves { 1992), pero con el aspecto paródico de que en el primer libro la novela se publicó en 1956, mientras que aquí se habla de 1953.

Pérez Gaviria, Lina María, 2000, "Silencio de neón", El Tiempo. Lecturas Dominicales, 30 de enero, pp. 2-4 {Premio Juan Rulfo" Semana Negra",1999).

Un hombre empieza, después de once años de matrimonio con su esposa Adelaida, una relación con la prima de ella, quien vive con ellos en la casa, mientras graba un documental sobre el mundo de la droga. La mujer sale de viajes y el hom­bre aprovecha la ida al aeropuerto para pedir el divorcio. Re­gresa a la casa, comen algo, la amante se duerme drogada, el hombre sale a tomar algo. A su regreso encuentra a la amante muerta: sobredosis. Poco después llama la esposa: la detuvie­ron por tráfico de drogas; la amante le había empacado cinco kilos de cocaína. Cuando el hombre le cuenta la muerte de la amante, la esposa ya lo sabe: ella, antropóloga, la había enve­nenada con la torta que había dejado en la casa. El veneno de la torta, junto con la cocaína, era una mezcla mortal que no dejaba huellas. El plot no es muy original, pero hay que desta­car el manejo del lenguaje.

Rodríguez, Jaime Alejandro, 2000, Debido proceso, Medellín, Universidad Eafit.

La novela comienza como una variante de novela policíaca. El abogado Pavony va a defender a Santiago Mendoza, acusado de terrorismo. La primera sorpresa consiste en el hecho de que la historia está ubicada en Bogotá, Colombia, pero en una Colombia que ha vuelto a instalar la pena de muerte; después de diálogos de paz, la guerrilla ha comenzado nuevamente con el conflicto armado y próximamente va a tomar el poder. Pavony intenta salvar la vida de Mendoza a través de la presen­tación de dos peritos no comunes en un tribunal: un profesor de literatura, quien examina los escritos del acusado, y una pintora, quien elabora una serie de retratos de él. La " estrate­gia hermenéutica" (149) de Pavony fracasa. Los tiempos de guerra y del sida no permiten esas lecturas s útiles. Lo que que­da es un manuscrito (la novela), que le ofrece al lector la sutile­za de una lectura y una estrategia hermenéutica a través de una historia casi policíaca, otras historias que confluyen con la his­toria principal (la historia de Pavony y sus amigos, la historia de Mendoza y la mujer, la historia del profesor) y los textos poéticos, narrativos y pictóricos entrelazados en ellas.

 

1 Muchos de los textos que se enuncian aquí no se declaran a sí mismos explícitamente novelas policíacas. Medirlos con los criterios derivados del estudio de este género significa, por ende, una visión en cierto sentido reduccionista. Los comentarios breves, escritos a veces en un tono bas­tante ligero, no tienen, por tanto, el objetivo de determinar el valor li­terario general de la obra. Se incluyen también algunos cuentos policíacos, sin la pretensión de enumerar la totalidad de ellos.

 


Hubert Poppel. La novela policíaca en Colombia

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