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Alvaro Pineda Botero - Del mito a la posmodernidad


La solemnidad burlada

De lo satírico en la novela

Según el diccionario la sátira es aquella composición literaria aguda, picante o mordaz que censura o ridiculiza a personas o cosas. Su origen podría rastrearse hasta los satyros, esas figuras grotescas entre animal y hombre que en los bosques acompañaban al dios Baco, y que según Nietzsche dieron origen a la tragedia griega. Sería la fuerza esencial del espíritu dionisíaco que, opuesto a lo apolíneo, estaría en la base de nuestra naturaleza y de nuestra civilización.

Desde el punto de vista del folclore lo satírico linda con las antiguas tradiciones de la fertilidad y la magia, y sobre todo con el carnaval, que de tantas maneras se manifiesta en todas las culturas1.

En otras palabras, lo satírico trasciende los géneros y se expresa en la caricatura, el mimo, y en general en lo cómico. Está entretejido con la diatriba, la fábula y lo grotesco; con la parodia, la ironía y la hipérbole; sus armas más frecuentes son la acumulación, la concentración, la paranomasia y la aliteración; la cacofonía y las rimas ridículas. También el uso de nombres propios con efectos chistosos; los aumentativos y diminutivos; los cultismos, latinajos, locuciones, giros coloquiales, y el quiebre y evocación del cliché; y finalmente la desvalorización del mito y la leyenda. La libertad combinatoria hace que lo satírico carezca de limitaciones.

Tales recursos en nuestra tradición literaria han llegado a cumbres geniales, por ejemplo en Quevedo. En efecto, el barroco literario español fue pródigo en este tipo de literatura, y estuvo relacionado con la 'agudeza de ingenio'. A veces para sus composiciones burlescas, los escritores culteranos utilizaron la metáfora y otras formas retóricas de manera exagerada, hasta el punto de que las semejanzas entre los elementos comparados eran casi inexistentes. El ingenio consistía en hacer comparaciones más 'agudas" cuanto más lejanas y sutiles, tal como lo recomendó Gracián en aforismos famosos ('la verdad, cuanto más dificultosa, más agradable' o 'donde no media el artificio, toda se pervierte la naturaleza" en Agudeza y arte de ingenio).

La parodia, en particular, implica la imitación burlesca de algo trascendental produciendo variedad de significaciones, la ironía, también con intención burlesca, linda con la parodia y propone una verdad sin decirla directamente. La hipérbole, por su parte, no ofrece multiplicidad de significados sino que exalta el objeto descrito exagerando o disminuyendo sus características. Según los antiguos retóricas, la hipérbole (o superlatio) es una amplificación creciente para producir lo inesperado y trascender la verosimilitud. Es uno de los tropos del Audacíor ornatus, es decir, de las formas de estilo más audaces que, desde otra perspectiva, pueden relacionarse con la blasfemia y lo sacrílego.

En ciertas novelas de ciudad, como vimos en un capítulo anterior, muchos de tales recursos retóricas buscan efectos horripilantes, conmovedores o apocalípticos. En otras novelas, como veremos en este capítulo, los efectos están orientados hacia la catarsis producida por la risa.

"Breve historia de todas las cosas"

Breve historia de todas las cosas (1975), de Marco Tulio Aguilera Garramuño, demuestra su intención satírica desde el título: ¿Cómo puede ser breve una historia que todo lo cuenta? Lleva un subtítulo, "Novela frenáptera', que intensifica tal paradoja ya que " frenáptera" es una palabra inventada y podría significar cualquier cosa.


1. Son bien conocidos los estudios de Baitin (o Bakhtin) sobre lo grotesco y el carnaval. Véase sobre todo Mikhail Bakhiin, Rabelais and his Worid, Bloomington, Indiana University Press, 1984
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