El talón de María: creer a pesar de todo - Jaime Alejandro Rodríguez

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Novela Colombiana

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Leer El Talón de María es enfrentarse desde el comienzo a lo extraño:  extraña forma de comenzar una novela ésa de arrancar en el capítulo dos, extraña manera de terminarla -incluyendo una extensa  bibliografía consultada-, extraña su carátula - deliberadamente ambigua-, extraña la fotografía que acompaña la reseña del autor, extraño -muy extraño- lo que se narra, extraña también su narración. 369 páginas de continuos sobresaltos que no cesan ni siquiera al final del relato, porque éste se abre a la incertidumbre.

¿Qué es lo que busca el texto, qué pretende con todas estas estrategias?  Está bien, sí: quizás sea necesario tanto ardid para ocultar (o expresar) su tesis, tal vez se requiera la dificultad como condición en la lectura de un libro cuyo tema podría resultar chocante a su lector ideal; pero, ¿cuál es ese tema que necesita ser expresado así, cuál es esa tesis? Es indudable que lo que podríamos llamar el tema de El talón de María lo constituye una crítica deconstructiva de las creencias religiosas, de aquellas que -como en el caso de la fe católica y sus dogmas- han perdido funcionalidad y se mantienen anacrónicamente ancladas en una sociedad en donde las verdades absolutas se han fragmentado hasta perder toda posibilidad de convocación. Quizás  por eso, Mauricio el escogido por la Virgen María para transmitir los nuevos mensajes, anuncia que ella, la Virgen María, estaba desnuda y expuesta aun a los ojos asustadizos de los curas y los clérigos, que no era tan perfecta, que eso les decía por su medio. (pg.47).

Efectivamente los antiguos  dogmas han caído en desuso, han mostrado su inperfección, pero lo que no ha desaparecido es la necesidad de creer; sin embargo, esa necesidad puede ser satisfecha  con la oferta de versiones muy simplificadas de la verdad (ya esté esa verdad escrita en la Biblia, en las estrellas o donde sea) que proporcionan a la gente la ilusión de  comprender el mundo, de darle un sentido. En nuestro supuestamente secular y racional mundo, es posible, pues, que los extraños portentos y enigmas sean una necesidad psicológica para mantener algún tipo de equilibrio espiritual; y si no existen entonces hay que inventarlos; al fin y al cabo la verdad ya no se impone tanto por su capacidad en sí, como por su perfil de negociabilidad frente a otras alternativas.

Pero sigamos adelante: la novela de Silva cumple con lo que podríamos llamar, recordando a Genette1, el "sometimiento a prueba de la verdad", a través de tres estrategias: la parodia, la fantasía y la poesía. Lo paródico se presenta especialmente en los fragmentos añadidos al final de cada capítulo: Oraciones y Testimonios que intentan sutilmente desmontar la seriedad del discurso religioso, ya sea deformando, mediante leves operaciones, el sentido mismo de la oración, ya ofreciendo un contraste que refuerce la intención deconstructiva, de la novela como discurso de denuncia.  Así, el testimonio que se incluye en el capítulo ocho (pág. 326) de la segunda parte (una carta 'real' enviada por el sacerdote Alfonso Llano Escobar a su superior, el Monseñor Pedro Rubiano, arzobispo de Cali y Presidente de la Conferencia Episcopal, tomada de un periódico), corrobora, de una manera aparentemente inocente, lo que la misma novela ha estado mostrando con insistencia: la rigurosa, anacrónica y terrible estructura de la institución católica, cuyo funcionamiento depende en gran medida del respeto incondicional a esta estructura cerrada.

En general, los elementos paratextuales (carátula, fotografías, epígrafes) están diseñados para cumplir esta función paródica dentro de la novela.  Pero quizás la estrategia narrativa de mayor elaboración se concentra en lo fantástico. El asunto de lo fantástico (como mecanismo de desmonte de lo verosímil) en la novela de Silva es muy complejo, pues abarca todo el ámbito mismo de la acción: situaciones, personajes, tiempos.  El viaje del personaje y la peregrinación del grupo de protagonistas, como vehículos de la acción, están impregnados por lo prodigioso.  No sólo se trata de los episodios insólitos, como la "violación" de la Virgen, las constantes apariciones, la resurrección de Mauricio, la "elevación" de los gemelos al cielo o el debate teológico entre curas muertos; es sobretodo un insistente y retorcido forzamiento de la acción que la hace así completamente imprevisible; un "viaje loco" y casi alucinante que obliga al lector a modificar permanentemente su código de expectativas como condición de avance sobre la peripecia.

En cuanto al modo mismo de la narración, podríamos afirmar que la novela de Silva, en estrecha relación con esta exigencia del discurso fantástico que acabamos de describir, se diseña con base en dos instancias cuya relación configura otra de los elementos extraños de la obra:  el narrador y su prosa.  Si bien la novela se narra con la voz autoritaria del historiador convencional: tercera persona, cronología lineal, postura omnisciente y objetiva, el lenguaje que utiliza devuelve el discurso hacia lo inverosímil; pero no solamente porque el narrador posea (a la manera  -irónica tal vez- de un Dios), toda la información de la historia, sino porque posee además toda el habla posible: la de los personajes, la de la región donde ocurren los hechos, la del discurso teológico.  Esta omnipotencia del lenguaje se expresa en una prosa barroca, de sintaxis complicada, de giros inusuales, a veces exasperantes. Lo no pertinente, que en el nivel de la parodia se expone como un suplemento lúdico y que en el nivel de lo narrado atraviesa la acción, a nivel del lenguaje se materializa en este "exceso"  que, si bien no modifica en nada los acontecimientos, sí entra en el juego del .arreglo de ese sistema expresivo  "otro" liberado de lo que, en el anverso de la moneda, constituye la condición expresiva de la verdad.

Así, mediante la denuncia paródica, la excentricidad de las acciones y el exceso de su prosa, la novela de Silva desestabiliza la Verdad como discurso, expresa la crisis de las estructuras autoritarias y de los dogmas en general, para proponer una crítica a los discursos dominantes.

Hay, sin embargo, algo inquietante al respecto del tratamiento de lo fantástico en El talón de María: de un lado, como hemos propuesto atrás, se trata de un mecanismo de desmonte de lo verosímil, puesto en función de ese sometimiento a prueba de la verdad que estaría conformando una de las tesis de la novela, su carácter contestatario y deconstructor.  Queda sin embargo por resolver si los episodios fantásticos se pliegan o no a la parodia o desean mostrar más bien las posibilidades remanentes de un discurso mágico que por sí mismo sería otra forma de oponerse a los discursos de la verdad.  En otras palabras, ¿es la denuncia o la contestación, lo que prima en la propuesta de la novela?

Un elemento podría servir de base para proponer alguna conclusión al respecto: la estricta referencialidad geográfica de la acción.  En efecto, la novela no completa una estrategia radical de inverosimilitud, no se expone a un acto de tajante autoreferencialidad, no se somete .al ropaje figurativo, sino que se ancla en el cuerpo del espacio referencial.  El lector, pues, debe extrañarse de los acontecimientos y del lenguaje utilizado, pero no porque estos existan solamente en el ámbito discursivo de la construcción interna de la novela, como mera estrategia lírica, sino porque efectivamente existen en la realidad colombiana (más específicamente en la realidad boyacense y bogotana, que son los ámbitos de referencia de la novela).

 Este elemento de referencialidad geográfica reintegra la novela a la esfera del realismo: lo excéntrico no existe solamente como posibilidad o virtualidad, lo excéntrico hace parte de la realidad actual; creer en la Virgen María, por ejemplo, aceptar la realidad de sus milagros y sus apariciones configura pura fantasía en cuanto aceptemos como natural que no existen, que no pueden existir, en cuanto creamos en su imposibilidad, en cuanto despreciemos las posibilidades de actualización de otros discursos que, como el mágico, se oponen a la desgastada verdad racional.

Retorno al mito, búsqueda religiosa desligada del dogma, necesidad de creer a pesar de todo, parece ser la indicación final del El talón de María, una novela que, aunque tiene algunos problemas de escritura, posee un alto nivel de elaboración, se expone al abismo de su propia tensión y finalmente nos plantea la necesidad de afrontar la crisis de nuestra cultura.