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Luz Mary Giraldo -Ciudades Escritas


Ciudades Escritas: Luz Mary Giraldo. 3ra Parte: Ciudades contemporáneas

Ayer es hoy y mañana - Ciudades literarias: tejer y destejer - Inmigrantes y transeúntes - El rumor del astracán: migraciones judías - Los elegidos: la mirada europea - Transeúntes y ciudades - Ciudades en la música y la noche - Marginalidad y Apocalipsis - Fanny Buitrago: El espejo ridículo - Marvel Moreno: la ciudad criticada - Rodrigo Parra Sandoval: la ciudad parodiada - El futuro del presente: R. H. Moreno-Durán


Marvel Moreno: la ciudad criticada

Desde una escritura voyerista, Marvel Moreno, en los cuen­tos de Algo tan feo en la vida de una señora bien (1980), una voz narradora analiza y critica generalmente desde la perspecti­va de una niña o una adolescente el espacio socio-cultural de los mayores: las madres, las abuelas y las tías son vistas con su actitud complaciente, subyugadas por los patrones sociales y por las figuras masculinas que representan la cabeza de la familia. Al penetrar en los espacios sociales de la burguesía y desenmascarar, como en fiesta de carnaval, a cada uno de los representantes de la moral y la ética social en la que las mujeres actúan y se destacan como 'trofeos' de los hombres y preservan las costumbres de la especie. Este universo se amplía en la novela En diciembre llegaban las bri­sas (1987), pero se actualiza en su último libro El encuentro y otros relatos (1992), con la aproximación a grandes ciudades, al relacionar las conquistas y conflictos de una nueva mujer que, como una voz narradora adulta, se desprende del voye­rismo y narra desde la perversión de quien ha sido contami­nado por el deterioro y la deshumanización del mundo y la civilización contemporánea. Las obras de Marvel muestran un tránsito del Edén a la realidad expresado por la memoria; dice alguna de sus voces: " algo me lleva y me trae, me em­puja y me envuelve como si en alguna parte me esperara una memoria".

Al recorrer los dos libros de relatos de Marvel Moreno, el lector sigue el desarrollo de una experiencia vital: el prime­ro es de separación y crisis ante el mundo vivido y el segun­do, de aceptación del pasado y del presente, no exenta de escepticismo y truculencia. En Algo tan feo en la vida de una señora bien (1) , con cierta dinámica proveniente del imagina­rio barranquillero (representado tanto en los ambientes del carnaval como en las costumbres sociales), se asiste con ex­pectativa a la despedida del mundo edénico desde diversos ángulos, mientras en El encuentro y otros relatos el paraíso ha quedado en el olvido, de Barranquilla se conservan algunas evocaciones y el tránsito vital se hace más urbano. En el primero, la historia narrada y la expectativa de los persona­jes afectados muestran la despedida de manera traumática; en el segundo, lo narrado y la vivencia de los personajes muestran su ausencia de manera fría, racional y escéptica.

Pueden tenerse en cuenta varios momentos, de acuerdo con el proceso y según la dinámica consignada en los cuen­tos que sirven de base para esta ilustración los siguientes temas: Edén y despedida abrupta: "Oriane, Tía Oriane". Cri­sis por el Edén perdido: Algo tan feo en la vida de una se­ñora bien". Aceptación crítica y burla: "La noche feliz de Madame Yvonne". Escepticismo, desencanto e ironía: todos los cuentos de El encuentro y otros relatos. Aceptando que en esta colección la noción de paraíso perdido, lo que se expre­sa es su reverso, "la desesperada lucidez de la ironía", como se dice en "La peregrina" (Moreno, 114). El lector va del si­lencio en "Una taza de té en Augsburgo", a la perversión truculenta en "El espejo" , o del bovarismo de "El encuen­tro" a la intensidad erótica en "La peregrina" y del desdén por el otro y la crisis por la creación en "El perrito" . Hablamos de Edén y despedida abrupta y debemos recono­cer que en "Oriane, Tía Oriane" del primer libro de relatos, la experiencia vital es narrada a través de los ojos y las sensacio­nes placenteras de María, la sobrina que ve en la tía un espejo ideal y una duplicación de sus propios gestos, que se maravi­lla con los recuerdos de ella como si estuviera ante una caja de sorpresas y siente la amenaza de ciertos ruidos anuncian­do el despertar intempestivo del mundo de los sueños o las pesadillas que van a formar parte de la vida cotidiana, como algo desconocido que pasa a invadir la intimidad de su silen­cio y de sus fantasías. Así, cuando "sentía deseos de correr al cuarto de su tía y besarla sin decirle nada, vagar por los corre­dores arrastrando telarañas bajo la mirada cómplice de los espejos, descender ahora que el reloj del vestíbulo anunciaba gravemente la medianoche, así descalza, caminando en pun­tillas mientras el viento bamboleaba el columpio y oía con in­quietud el crujido de las argollas oxidadas" (25); y mientras una secreta protección la acompañaba, algo entraba al fondo de su sueño y una voz, como un grito colérico", abruptamente le anunciaba que un "desconocido había entrado en la ,casa"; (26). Los 'ruidos' que constantemente desinstalan a María actúan como presencias fantásticas que alteran el orden y pre­paran para el desenlace final, en el que el sueño idílico es inva­dido por 'fuerzas poderosas' que amenazan y destruyen la felicidad edénica de la infancia.

Al referirnos a la crisis por el Edén perdido, en "El muñe­co", Doña Julia recordará para siempre la presencia de un muñeco que, amenazante, " estaría rondándola como una mala sombra" (30), pues aparecería y desaparecería en cual­quier lugar o momento; análogo a los ruidos que alteran el orden en la casa de la Tía Oriana o a la mosca que zumba en la alcoba de Laura Urueta, imponiendo conmoción ante el orden que se pierde. En algo tan feo en la vida de una señora bien" el tiempo del relato muestra que la vida está marcada por una temporalidad interior cuyo resultado muestra la experiencia vital fracturada; ésta articula dos tiempos: un pasado feliz, perteneciente al paraíso de los cuentos de amor tejidos al calor de las fantasías infantiles y un presente tortuoso que proyecta la ausencia y la nega­ción del mundo soñado. Laura Urueta, habitante de los dos tiempos, para soportar la vivencia del presente (por ejemplo un matrimonio y una casa demasiado grande que no ha "podido sentir nunca suya"), sobrevive recurriendo a las 'tretas del débil' al anestesiar su cotidianía con amplias dosis de Librium, Valium y Tranxene y buscar refugio en un cuarto que intenta hacer propio (2) , con la aspiración de mirarse a sí misma al retomar trozos de su historia y recorrerse por dentro.

La historia de Laura es cotidiana, como la de muchas ma-dres, tías o abuelas entretejidas en los diversos cuentos: educada para ser guardiana del hogar, complaciente y con­vencional, sometida a la rutina y extraviada en el personaje que la sociedad impone. Hundida " en el aburrimiento de la clase media" y, salvada' por un matrimonio conveniente que la saca del encierro a que ha sido sometida por una 'falta ­culpa' de amor juvenil, por una equivocación del pasado logra, gracias al marido 'redentor', "volver a ser como las otras" (109). El paraíso de Laura estuvo en el amor que la condena, tanto como en la fantasía de realización por el ma­trimonio. Uno y otro fueron asumidos en su momento como formas de libertad y liberación, así como son comprendidos en el presente desde el recurso para la marginación: "Haber amado, haber conocido aquella sensación de plenitud, ha­ber descubierto la importancia de que el cielo sea azul, de que el aire huela a mar, de que haya cangrejos en la playa, conocer todo eso para perderlo de golpe, para nunca más encontrarlo, hacía de la vida sí, algo sin sentido, algo irriso­rio" (106-107). Por eso cuando tiene pleno conocimiento de su pasado y de la manipulación de que ha sido objeto (por las conveniencias maternales, sociales y culturales), Laura ve en un payaso de carnaval su propia experiencia "mirán­dola intensamente desde aquella cara que regresaba ahora del fondo de los años, injuriada por el olvido y recobrada en el momento mismo en que todo empezaba a ser bruma y silencio, su triste y remota cara: de payaso blanco" (122). El payaso, como otro yo, se asocia también a la mosca temblo­rosa que recurrente invade su cuarto hasta deshacerse. La crisis de Laura olvida el paraíso, la arcadia de la infancia y busca refugio en la evasión, la alucinación y la anestesia de su cotidianía.

Aceptación, crítica y burla: el carnaval invade la escena en que transcurren las varias miradas producidas en "La noche feliz. de Madame Yvonne" y sirve de perspectiva totalizante a la propuesta interna: es la realización de la fiesta de con­trarios que con ironía muestra la convivencia de lo alto y lo bajo, el rey y el mendigo, lo noble y lo ruin, lo grotesco y lo sublime, la entronización y la desentronización, etc. A través del carnaval Marvel Moreno dinamiza la vida social y cultu­ral mostrando las clases, las conductas, la moral, la política, la visión del militar, del revolucionario, del proletario y del burgués, concentrados en la mirada consciente y crítica de Madame Yvonne.

El movimiento creado entre el sentido del carnaval y la carnavalización sirven de estrategia literaria desde la cual todos los estamentos son mirados, burlados y cuestiona­dos: las mujeres son "vitrinas del éxito de sus maridos o vehículos pasivos de su riqueza" (141); Álvaro Espinoza, desde su voz que mira y piensa ante las desinhibiciones producidas, afirma que el carnaval es "el afloramiento de lo que para bien de todos estaba reprimido” (148); Petulia reconoce que los hombres ejercen su poder a través del sexo; Madame Yvonne, 'la bruja de Siape', ausculta en la doble moral de la sociedad y ve en ella II cantidad de gente jodida, toda esa gente comiéndose sus propios hígados” (188); conoce sus intimidades y los reconoce infelices y vi­viendo falsos paraísos del amor, del dinero, de la posición social o política y divididos en negros y blancos, liberales y conservadores, ricos o pobres, bajo una permanente pan­tomima. En el momento en que los invita a ser felices en el lugar donde 'no hay pájaros sino goleros', ya buscar la paz interior desde la armonía entre unos y otros, el silencio cae sobre ella, pues sus palabras se convierten en amenaza para la farsa permanente. Y en su noche feliz, mirada como ebria, es sacada de la fiesta de carnaval, mientras ve repetida la historia de las falsificaciones y miserias, constata la ausen­cia y la distancia de las utopías y de los cuentos de hadas, y por tener el conocimiento suficiente y crítico del medio debe ser amordazada y como todos(as) forzada a la inac­ción y al silencio. Esta nouvelle prepara a la mirada consciente, perversa y crítica que asume quien ha abandonado el paraíso, realizada en la siguiente colección.

En El Encuentro y otros relatos se presentan ecos del Edén perdido, pero la experiencia vital es distinta y con menos complejidad estructural y temática: aquí se encuentran ele­mentos que concentran escepticismo, desencanto e ironía. El pasado retorna para pedirle cuentas aceptándolo y silen­ciándolo definitivamente, como puede leerse a través de Miranda, la distante mujer que ha conquistado el mundo y desprecia (I la madre abandonadora en "Una taza de té en Augsburgo". El entrecruce de dos historias paralelas deter­mina la cosmovisión de este relato: madre e hija, separadas y marcadas por dicha separación han construido vidas di­ferentes, en las que se percibe la condición exitosa de la hija y la atormentada de la madre. Miranda encarna la frialdad, el movimiento calculado, la independencia, el desapego: en sus manos estaba " aligerar el corazón de Frieda y permi­tirle envejecer en paz. Pero no lo hizo" (19) por considerar­lo innecesario. De esa manera realiza la venganza de su orfandad, de su desarraigo y de su ausencia de paraíso y del "miedo que nunca la abandonó" (12). A diferencia de las mujeres asustadas y aplastadas de los cuentos anterio­res, este personaje no proyecta el más leve rastro de sumi­sión o de afecto sino de desdén, incredulidad y desafío.

El bovarismo se resuelve con amplia ironía en "El en­cuentro": Lucía, determinada por las fantasías de su ado­lescencia construye la máxima aspiración de sus sueños a partir del conocimiento de un personaje de celuloide, y lucha por realizarlos durante el transcurso y el deterioro de los años. Enamorada eterna de Robert Harrinson (quien puede tangencialmente asociarse con Rodolfo, el amado de Emma Bovary) hace de su vida una experiencia evasiva y excluyente de toda posibilidad de acción hasta que, paradójicamente, cuando puede realizar sus fantasías, como respuesta irónica de la vida, el destino le hace una mala jugada y ella misma cierra las puertas para el final feliz con Harrinson. El desenlace, opuesto al paraíso, constata el va­cío de la experiencia vital, su absurdo y sin sentido.

La falsa imagen de' creador enigmático' que utiliza Este­ban Henríquez para enmascarar su incapacidad de vivir en "perfecta armonía con la vida", su proceso de insensibiliza­ción y su falta de pasión, sirve de metáfora para enjuiciar por igual el vacío creador y la crítica que no alcanza a perci­bir en un autor consagrado algo que esté más allá del mane­jo de formas y recursos. El dolor ajeno aprovechado para la creación se sustituye por lo trivial de un arte decorativo y de consumo, de la misma manera que la vida cotidiana se arti­cula con relaciones sin compromiso, representadas en un perrito y en una(s) mujer(es), a quien(es) abandona a su suer­te cuando los considera un estorbo para el ejercicio de su poder. En "El perrito", Marvel Moreno detiene su perspecti­va mirando el mundo masculino desde la figura de Henríquez quien, como Miranda, es víctima de su pasado y victimario en el presente: utiliza, manipula y abandona. A Isabel" un día no pudo aguantarla más y la puso en la calle, literalmen­te la botó a la calle..." (103); acusa al perrito de hacerle per­der una venta y "ordenó que lo botara(n) a la calle" (112).

La truculencia y la perversión se concentran en "El espe­ jo”, de la misma manera que la burla a la purificación se intensifica mediante la exacerbación erótica en "La peregri­ na” . El primero, narrado bajo la forma epistolar y con recur­sos policiales, se estructura circularmente y desde la figura del doble. Una voz narradora trae a cuento un homicidio en el cual están implicados los incestuosos gemelos Mario y Ma­rina, dos seres cuyas raíces pueden rastrearse en la tradición del mal recreada por Emily Bronte o por Horacio Quiroga: disfrutan con el dolor ajeno con la misma intensidad con que gozan la pasión del uno por el otro. "Víctimas de una sociedad opresora y unidos en un mismo sentido de rebe­lión contra el mundo entero” (71), condenados a no provo­car un escándalo en la ciudad, el narrador hace ver la paradoja de su inocencia-perversa al mostrarlos cómplices de la muer­te de Cecilia, esposa del joven, y luego reposar tranquilos "como si el ángel de la paz los cubriera con las alas" (78). El paraíso-infierno se vincula a la inocencia-perversa para mos­trar la intensidad del absurdo. La interesante trama de "La peregrina" retoma escenarios propios del espíritu medieval mostrando una ambientación que prepara para el aconteci­miento erótico y las formas defensivas de éste en la cristian­dad. Ana Victoria, iniciada tempranamente en el gozo del cuerpo, deberá expiar la culpa y la falta en una monacal ex­periencia purificadora. El máximo de la ironía se realiza cuando en el lugar de la expiación del pecado Ana Victoria se encuentra con Pablo, quien acude por idénticas y erotómanas razones y, como en un juego de dobles y de es­pejos, se inicia entre ellos una escena que repetirán anual­mente durante ritualísticos días de encierro, logrando la consumación plena y sin recriminaciones de los apetitos in­controlables. El infierno que han creado los otros para ellos es franqueado y la felicidad cumplida en el énfasis de la per­versión que redime.

Moreno aporta a la visión urbana, al juego entrecruzado de la oralidad que se vuelca en escritura, a la conciencia del tiempo y de la época ya la vigencia del discurso que, aprove­chando la condición femenina, se proyecta en la litera­tura como memoria. Los no lugares se imponen en esta narrativa: el mito feliz de los comienzos ha caído y el pre­sente está de paso.

 

1 Las citas provienen de las siguientes ediciones: Marvel Moreno. Algo tanteo en la vida de una señora bien. Bogotá: Pluma, 1980 y El encuentro y otros relatos. Bogotá: El Ancora, 1992.

2 En Laura se realiza a medias la idea de una habitación propia lanza­da por la escritora Virginia Woolf , pues no sabe ir más allá del espa­cio físico al emocional y arrastra a éste sus miedos, sus culpas y pesadillas. En ella, como en otros personajes femeninos marvelianos la vivencia elusiva es determinante: son "mujeres devoradas y de­voradoras que comparten un mundo sin sentido", afirma Montserrat Ordóñez en su artículo "Cien años de escritura oculta: Soledad Acosta, Elisa Mujica y Marvel Moreno" en L:uz Mery Giraldo, 1995, o la versión en inglés "One year of Unread Writing: Soledad Acosta, Elisa Mújica and Marvel Moreno", publicado por Susan Bassnett, Knives and Angels: Wamen Writers in Latin America (London and New Jersey, Zed Books, 1990).

 

 



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