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Luz Mary Giraldo - Ciudades Escritas


Ciudades Escritas: Luz Mary Giraldo. 3ra Parte: Ciudades contemporáneas

Ayer es hoy y mañana - Ciudades literarias: tejer y destejer - Inmigrantes y transeúntes - El rumor del astracán: migraciones judías - Los elegidos: la mirada europea - Transeúntes y ciudades - Ciudades en la música y la noche - Marginalidad y Apocalipsis - Fanny Buitrago: El espejo ridículo - Marvel Moreno: la ciudad criticada - Rodrigo Parra Sandoval: la ciudad parodiada - El futuro del presente: R. H. Moreno-Durán


Los elegidos: la mirada europea

En Los elegidos la propuesta varía. Como en la anterior vela, inmigrante, identidad y ciudad están relacionados en cuanto el desplazamiento geográfico, el choque de culturas, la dinámica social y racial, el aprendizaje y movimiento de lenguas, costumbres, valores, principios o creencias. Afirmamos que la literatura ha reconocido esta problemática desde el Descubrimiento hasta nuestros días, la que puede rastrearse y estudiarse en las cartas e informes de los conquistadores, las crónicas de la Colonia, la literatura de viajes y de viajeros, en la narrativa que mira al campesino y a1 provinciano desplazado hacia la ciudad, en el extranjero que huye de la primera o segunda guerras mundiales o de la guerra civil española, en europeos, judíos, polacos, palestinos, orientales, en fin, que hacen su tránsito de un país a otro en busca e nuevos horizontes entre unos y otros si pueden darse diferentes miradas: la de los extranjeros que j llegan a estas tierras y la de los nacionales que arriban a las ciudades.

La óptica de los inmigrantes europeos frente a América generalmente se hace desde un punto de vista eurocentrista, pues relaciona el mundo de allá con el de acá idealizando, comparando o analizando, según el caso, el lugar dejado con el encontrado y conquistado. La visión idealizada de la cul­tura que se abandona contrasta con el idilio frente a la na­turaleza y el paisaje al que se llega. América es vista, las más de las veces, como la utopía en un mundo exótico cultural­mente atrasado y un espacio cultural por conquistar y co­lonizar, lo que contribuye a la arraigada mentalidad fundadora de nuestros países de ser una sociedad seudoburguesa que no sólo repite los modelos europeos que, en el caso de los latinoamericanos, aspiran a pare­a Europa. En los inmigrantes internos el desplaza­miento del campo a la ciudad o de la provincia a la urbe es frecuentemente narrado desde un autor situado a distan­cia quien mira el hecho como problema social, político o cultural y lo aprovecha para dar su testimonio de época o de cultura. De ahí ha derivado la literatura que se debate entre la civilización y la barbarie, la de inmigrantes campesinos y la que se detiene en los sectores de desplazados y marginales en las grandes ciudades. Evidentemente, pre­valece la visión testimonial del autor cuya ideología seguramente se fortalece con una actitud de denuncia y protesta ante hechos y situaciones reales.

Afirmamos que Salomón Kalmanovitz reconoce el proceso de migración del extranjero debido a las dos guerras mundiales, y que éste favorece la conformación de una burguesía empresarial, comercial y cambiaria que apoya la industria y el comercio, la banca y, por supuesto, la economía, aunque carece de fuerza política; el autor destaca la presencia, especialmente desde los años 20 y 30, de empre­sas pioneras establecidas por extranjeros que se nacionali­zaron progresivamente" (Kalmanovitz, 323), a las que se sumaron grupos de inmigrantes provenientes de Alema­nia, Polonia, Italia y España, y de judíos y libaneses que contribuyeron a la industrialización liberal. A esto se añade la política de agresiva expansión en el mercado norteame­ricano" defendida por Mariano Ospina Pérez y " con la que debería solidarizarse Colombia, según López Pumarejo" (334). La inestabilidad, la movilidad propia de los inmi­grantes, sus razones culturales y religiosas que contribu­yen a jerarquizar principios y ocupaciones, se unen a las relaciones despersonalizadas que fomenta la mentalidad bur­guesa capitalista, en la que prima la ley del más fuerte en sentido económico y social.

Complementando los análisis de Kalmanovitz con los de José Luís Romero (1) 8 5 , se reconoce que !a explosión urbana de los primeros años del siglo XX también se vio favorecida por inmigraciones de campesinos que buscaron las ciudades como lugar ideal para vivir, en las que existía la posibilidad de progreso y ascenso social y cultural : “empezó a brotar de las grietas de la sociedad constituida mucha gente de impreciso origen que procuraba instalarse en ella; y a medida que lo lograba se trasmutaba en una nueva sociedad, que apareció por primera vez en ciertas ciudades con rasgos inéditos” (Romero, 319). Después de los años treinta y con el desarrollo de la mentalidad capitalista que promovió la industria y el comercio, las ciudades crecieron de manera vertiginosamente transformando su fisonomía, mentalidad y costumbres y generando, como se aprecia también en la literatura, yuxtaposición de guetos incomunicados y anónimos" (322) y relaciones problemáticas entre individuo y sociedad. El movimiento de clases sociales se dispara en varias direcciones y sobresale como característica una concepción individualista, competitiva y "triunfadora" que buscaba sobre todo; el éxito económico y el ascenso social:

Como en una institución jerárquica, había que alcanzar el grado superior y del desesperado esfuerzo pudo salir la ansia­da promoción hacia la clase media, una clase que era casi alta. Pertenecían a ella todos los que habían triunfado en las profe­siones, en el comercio o en las actividades empresariales y, en consecuencia, habían acumulado fortunas que les permitían independizarse del trabajo cotidiano y comenzar tímidamen­te a deslizarse hacia la vida ociosa: poder jugar golf un día laborable o poder disponer de tres semanas para hacer un via­je a las Bahamas fuera de la época convenida de vacaciones, eran triunfos sobre la rutina que sólo podía conseguir quien estuviera en el más alto nivel de la estructura. Otros , entretanto habiendo llegado a ese mismo nivel, estaban todavía en la etapa de consolidación de posiciones y no podían insinuar su vocación por el ocio. (347)

Romero destaca, además, la importancia para quienes logran ubicarse en esos niveles superiores de la escala social, habitar en barrios selectos (como La Cabrera, en el caso de Los elegidos), de ser socios de clubes sociales de prestigio, le fomentar las relaciones públicas con las cuales muestran su poder como ejecutivos o empresarios y su signo de estatus que también exhiben en salones (bares o night-clubs, en co­midas de etiqueta, en espectáculos cultos como teatro o con­ciertos, etc. Resulta oportuna la siguiente cita de la novela: “aquí, en donde se considera que sólo los elegidos, aquella minoría ducha en el arte de comportarse socialmente según los standards europeos, es la única digna de recibir prínci­pes, la función de agasajarlo fue delegada dentro de los pro­; gramas oficiales en ese estado dentro del estado que era La Cabrera" . (López Michelsen, 138-139)

En estas sociedades industrializadas, individualistas y de c consumo masivo aumentan las oportunidades de enriqueci­miento, mientras los linajes se van" desvaneciendo para dejar lugar precisamente, a los clanes económicos en los que se mezclaban fortunas de diverso origen" (Romero, 348) Ambientada en la década del cuarenta, Los elegidos trans­mite una clara visión de los privilegios de la clase alta en una sociedad capitalista en la que el autor, conocedor del am­biente, de la política y de las realidades económicas y cultu­rales del país, penetra en sus comportamientos, modos de vida, relaciones humanas y sociales, revelando y cuestionando sus sistemas de poder. La historia propone una doble pers­pectiva: por una parte, la mirada de un inmigrante europeo que ve con extrañeza las formas de vida y las costumbres de una cultura que emula al extranjero en su lengua, historia y costumbres; y por otra, la de un joven abogado que traduce del francés un manuscrito en el que impera la memoria y el testimonio de una experiencia vivida. Desde estas dos perspectivas y con un acertado afán de simulación de verdad la novela articula el tradicional motivo del encuentro de " manuscrito que reviste "un cierto interés humano" y “un cierto valor documental" , titulado Du caté de la Cabrera, co se afirma en la Introducción, en la que se define, también la consolidación de un mundo ficticio escrito con deliberado y marcado acento proustiano", mediante una historia q ", parece arrancada de nuestra historia cotidiana. Bien dice Al berto Lleras en nota que antecede a la novela, fechada en agosto 14 de 1953, que siguió "el argumento como si fuera un caso histórico. La introducción define al escritor como un alemán exilia,,1~ do de la segunda guerra mundial, relacionado con el mundo frívolo y cosmopolita de "los elegidos" de la sociedad bogotana. Perteneciente a una familia rica de la burguesía G , alemana, B.K., como se denomina al personaje, se ve forzado a refugiarse y trasplantarse súbitamente a tierras americanas " donde una rama empobrecida de su familia había venido a buscar fortuna setenta años antes". Tradicional en sus con­cepciones, B.K., quien participó en la primera guerra mundial y tuvo una educación calvinista, fue un inmigrante "a quien le correspondió conocer la misma soledad y el mismo aislamiento que suelen hacer tan doloroso el ostracismoH (López Michelsen, 27). Sus condiciones económicas y de clase le permiten relacionarse con habitantes del barrio La Cabre­ra quienes muestran sus privilegios de clase según la zona de habitación y sus costumbres sociales. La ingenuidad y la manipulación a la que es sujeto el personaje no sólo lo lle­van" a alternar con la sociedad selecta, sino lo conducirá" a la deshonra moral y social por la confiscación de sus bienes ya su confinamiento como extranjero peligroso en un hotel de veraneo en Fusagasugá, " campo de reclusión de súbditos del eje totalitario", Por la época a que se hace referencia, B.K. es víctima de una doble persecución: ha tenido que salir de Alemania acusado por el régimen nazi de su remota ascendencia israelita, y paradójicamente, en Colombia, aliada con Estados Unidos contra Alemania, es acusado a través de un funcionario norteamericano de ser alemán cómplice de Hitler ;y de los nazis y estar incluido en la "lista negra" . El tema del inmigrante se fusiona, entonces, al del racismo, la violencia, ,i; la intolerancia y la persecución.

El relato de B.K. escrito en su reclusión da testimonio de la época, confronta dos culturas y dos clases sociales (la de los ~,de "arriba" y la de los de la clase asalariada), dos maneras de concebir la religión y el trabajo (la católica y la calvinis­ta),las formas de poder político que de lo menor (la presi­dencia de un club) apunta a lo mayor (la presidencia del país) y, especialmente, la radiografía de una clase social determinada por las apariencias y las simulaciones frente a la integridad de los menos favorecidos. Entre la opulencia, el despilfarro y el exhibicionismo de los primeros y las ne­cesidades, la precariedad y la escasa educación de los se­gundos, se muestra una sociedad tensa, normalizada y desequilibrada. La clase alta participa de los privilegios he­redados de los hidalgos, amparada en el prestigio real o simulado de un orden fundacional, lo que a su vez la rela­ciona con la llamada ciudad letrada, al fortalecerse en un círculo cerrado y demostrar " capacidad para institucionali­zarse a partir de sus funciones específicas, procurando vol­verse un poder autónomo dentro de las instituciones del poder a que pertenecían". (Rama, 30)

Los escenarios donde acontece la novela muestran el di­namismo de una ciudad de contrastes sociales y culturales, vistos tanto en los comportamientos como en los lugares de habitación, los sitios por donde se transita, el poder laboral y adquisitivo y los modelos de comportamiento que definen la identidad social o racial. Deteniéndose, especialmente, en la clase dirigente con sus negociantes, banqueros y políticos, mujeres superficiales y sofisticadas, sus fincas de recreo y casas elegantes, los " salones del alto mundo", sus clubes para gente selecta, bares, restaurantes, cafés y establecimientos bancarios, exaltados, a su vez, y como un homenaje a la gente bien", en la sección social de los periódicos que " signa nacimientos, bautizos, primeras comuniones, grados y muertes, es decir, acontecimientos de la vida individual y cotidiana de sus "representantes" . En contraste

"éstos se sugieren los lugares o las ocupaciones que miden a otras clases, como la pensión que hospeda a europeos exiliados, las zonas marginales donde se ubican los o sus calles, viviendas y sitios de recreación y los oficios que desempeñan como asalariados, entre quienes el narrador destaca a Olga, una manicurista, desde la cual se conocen y contrastan las diferencias de comportamiento con la clase que parece vivir en un país ajeno al real. En el mundo de los de arriba se rinde culto al dinero, se pierde toda espontaneidad, existe doble moral, infidelidad, manipulación, traición y oportunismo, mientras en el del "verdadero país" su gente:,1 no siempre tiene el ánimo rastacuerista de querer parecer más de lo que es o puede ser y las mujeres, por ejemplo, son sencillas, desprevenidas, espontáneas, y hablan, como Olga, “de su trabajo, de sus problemas domésticos, de mil asuntos : triviales", a pesar del "mundo estrecho y despiadado, que a cada paso amenazaba con frustrar sus vidas, por las limitaciones de orden económico que las circundaban".

La injusticia social se percibe en el propio desarrollo de la sociedad capitalista, en la que cada vez la vida es más difícil para el asalariado que sólo cuenta con el ingreso mensual fijo y no tiene propiedades ni posibilidades de crédito, mientras para los ricos cada vez todo resulta más fácil porque la ;¡ economía monetaria rinde beneficios y sus capitales se incrementan a diario, como si fuera un monstruo que crece, se 1 reproduce y engendra nuevas fortunas.

Los amigos de La Cabrera "no permiten que surja a la superficie el verdadero país, con sus defectos y sus cualida­des" , pues pertenecen a un círculo cerrado en el que sólo se conocen y tratan entre sí, participan de la alianza con Norte América y consideran que únicamente pueden nutrirse de las ideas, la cultura y las lenguas extranjeras, " como si el des­vincularse del resto de sus connacionales sirviera para real­izar todavía más su preeminencia social (López, 35). Así reafirman una actitud vergonzante de colombianos que se consideran sin tradición y sin identidad. Caracterizados por real afán de parecerse a otros, de negar sus ancestros y hasta su lengua, el personaje narrador reconoce que la clase que {,tuvo la fortuna de salir al extranjero " consideraba el castella­no casi como un dialecto popular, que sólo servía para las relaciones con seres de inferior categoría" (82), lo que impo­nía la necesidad de comunicarse entre ellos en francés o en ,f inglés. Parecerse a los del lado de allá es, como vimos en la primera parte, sin lugar a dudas, una marca de la identidad vertida en un centro ausente, lejano e inalcanzable, defini­do en una " aristocracia criolla anglicizante" (37), cuyos per­sonajes prefieren comunicarse en inglés o en francés y; aspiran a fundar una universidad, La Atlántida, a imagen y , semejanza de las europeas. A medida que el narrador se vincula con los de La Cabrera, se distancia de la forma aus­tera de su educación ancestral y se incorpora al mundo frí­volo, ocioso y ambicioso que los define. Con el ánimo de independizarse de un pariente que ha manejado sus bienes puestos en una compañía tabacalera, busca incrementar su capital, lo que pone en crisis su estabilidad, llegando a ser traicionado y acusado de pertenecer a los adversos al siste­ma, lo que genera la marca indeleble de la deshonra en una sociedad pacata y temerosa.

Las memorias del ciudadano alemán refugiado en Co­lombia a causa de la persecución nazi, sirven de punto de partida para la elaboración de esta novela de inmigrantes y de testimonio. En ella se afirma que el protagonista llega a Bogotá en tiempos de la guerra y gracias a su condición de extranjero ya la posibilidad de inversión de sus bienes, ini­cialmente participa de los privilegios que le ofrece la clase dirigente. Contextualizada en los efectos de la primera y la segunda guerras mundiales, que Kalmanovitz reconoce como el expansionismo económico y colonial" proveniente de países capitalistas, como Alemania, Japón y Estados dos, sobre la débil estructura comercial económica y crediticia de Colombia" (Kalmanovitz, 257), se relaciona con el panorama empresarial que tuvo su origen en los inmigrados, como es el caso de los alemanes que perdieron sus propiedades durante las dos guerras mundiales y con el derecho a la pro.. piedad privada con intervenciones del Estado en la época de López Pumarejo: "intervención abrumadora del gobierno en el mercado de divisas, en el que se establecía un monopolio de compra y un monopolio de ventas de divisas extranjera (347) que en Los elegidos cobran vigencia y se recrean eficien­temente,

Además de la aproximación a los comportamientos y ofi­cios de la clase alta y el contraste con las clases inferiores, Bogotá, escenario de los hechos, sin ser explícitamente nom­brada, es aludida por sus condiciones climáticas y atmosféri­cas, por el desarrollo del comercio, o por la vida cultural que echa de menos el protagonista. Así, es un lugar otoñal don­de "llueve casi todo el tiempo y las gentes parecen asombrar­se de que llueva tanto, diciéndole siempre al extranjero que nunca se había registrado un invierno semejante", (López, 163) Identificando los meses de verano entre enero a marzo, en los cuales se "produce inevitablemente una sequía", defi­ne también a la ciudad con las insuficiencias del acueducto urbano que obligan a establecer turnos" según los barrios, para que los habitantes almacenen agua para sus necesida­des" , o la presenta como aquella donde el clima influye so­bre "el carácter de los habitantes" y si el tiempo es despejado "las calles están llenas y el comercio es mucho más activo". y en contraste con la vida cultural europea, el narrador afirma la monotonía de una ciudad pequeña y provinciana" que no entenderá jamás el tedio infinito" de su existencia en el exi­lio, al no tener "un museo, ni un monumento, una exposición artística, ni una conferencia cultural que [me ] sirviera de pretexto para ocupar las horas". (285-286)

 

inmigrante se aleja de sus raíces y las echa de menos en su memoria y en su nostalgia, las compara y las relacio­nes 1as olvida y las recupera, fortaleciendo a la vez su identidad de europeo y su tránsito por tierras colombianas que lo n morir. Exiliarse, en su caso, como en muchos otros, un hecho sin regreso, pues al quedar atrapado en este o del Atlántico, en la lengua, las costumbres, algunas comidas, los afectos y un hondo sentimiento de gratitud por el país, según se afirma en la Introducción, llegó " a adquirir carta de naturaleza, haciendo dejación para siempre de su condición de súbdito alemán". Encontrar raíces y aceptar el 1Ixtisterioso designio de vivir y morir en tierras lentamente; conocidas, fue para B. K. una salida a la proscripción que lo acompañó a todas partes, "como a Caín, también errante y extranjero sobre la tierra" .

 

(1) José Luis Romero. Véase el capítulo "Las ciudades masificadas" , pp. 319-389.

 

 

 



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