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Un siglo de erotismo en el cuento colombiano. Introducción

Oscar Castro García

Tomado de: Un siglo de erotismo en el cuento colombiano. Medellín: Universidad de Antioquia, 2004


Introducción

Esta antología reúne veintisiete cuentos publicados en el transcurso del siglo XX, los cuales ofrecen una mues­tra representativa del desarrollo del erotismo no sólo en la vida del individuo sino también en la sociedad y en la cultura colombianas, tanto en campos, pueblos y ciuda­des, como en espacios abiertos o cerrados, profanos o sagrados, y bajo diversas circunstancias históricas, polí­ticas e ideológicas. Mas, no se trata de cuentos eróticos sino de la manifestación del erotismo en los cuentos, como muy bien lo explica Gregorio Morales:

Nos hallamos ante una antología del erotismo en la literatura. Mientras la literatura erótica es, como la no­vela policíaca, la novela del oeste o la novela rosa, un subgénero literario [...], con sus reglas correspon­dientes, las cuales resultan insoslayables, el erotismo en la literatura está libre de constricciones y normas, no tiene sujeciones de ningún tipo. Es producto de la atmósfera o de un momento o momentos determi­nados de la acción [,',] A menudo, surge, no es busca­do, O se encuentra tan íntimamente entrelazado al resto de la obra que, en lo afrodisíaco, siempre reverberan otras dimensiones, Por todo ello, el ero­tismo literario consigue unos efectos de mucho más largo alcance que la denominada literatura erótica. (1)

En este contexto, los términos erotismo y erótico a su vez exigen distinciones respecto de otros como pornografía y obscenidad, Quizá la mejor precisión, para el caso de la literatura, está en el estudio de Alexandrian:

La pornografía es la descripción pura y simple de los placeres carnales; el erotismo es la misma descripción revalorizada, en función de una idea del amor o de la vida social, Todo aquello que es erótico es necesariamente pornográfico por añadidura, Es mu­cho más importante distinguir entre lo erótico y lo obsceno. En este caso se considera que erotismo es todo aquello que vuelve la carne deseable, la mues­tra en su esplendor o florecimiento, inspira una im­presión de salud, de belleza, de juego placentero; mientras que la obscenidad devalúa la carne, que así se asocia con la suciedad, las imperfecciones, los chis­tes escatológicos, las palabras sucias (2).

El cuento colombiano recrea casi todas las manifesta­ciones del erotismo, aunque en muchos casos con limitaciones conceptuales, léxicas, psicológicas, imaginativas o literarias. No obstante, la manifestación de Eros en la literatura permite identificar matices, prácticas, ideolo­gías, transgresiones, represiones y libertades, es decir, múltiples dimensiones del erotismo, tanto en la vida prác­tica como en la fantasía o, en este caso, en la ficción. De esta manera, el cuento literario colombiano ha empren­dido búsquedas y ha logrado expresiones atrevidas, pues­to que ha profundizado y explorado el erotismo en sus múltiples manifestaciones y tendencias, a pesar de las censuras que han determinado las costumbres amorosas y sexuales tanto individuales como sociales de los colom­bianos; tarea emprendida con temor o bajo el imperio de la norma, por escritores de ingenio, humor y osadía, que escribieron o escriben el cuerpo y el deseo, sobre el cuer­po ya través de éste, con menos intensidad a principios del siglo XX y con gran pasión a fines de él.

Para esta selección se han considerado todos los cuentos en que el erotismo se manifiesta como un hecho destacado y significativo. En cuanto a la condición o caracterización de los hechos narrados, no toca a la literatura moralizar o contemporizar. En este contexto, la antología se acoge a explicaciones oportunas de Octavio Paz:

Todos los actos eróticos son desvaríos, desarreglos; ninguna ley, material o moral, los determina. Son ac­cidentes, productos fortuitos de combinaciones natu­rales. Su diversidad misma delata que carecen de significación moral. No podemos condenar unos y aprobar otros mientras no sepamos cuál es su origen ya qué finalidades sirven. La moral, las morales, nada nos dicen sobre el origen real de nuestras pasiones (lo que no les impide legislar sobre ellas, atrevimiento que debería haber bastado para desacreditarlas) (3).

En la cuentística colombiana se puede indagar sobre la conciencia moral, las costumbres sexuales y amorosas, las licencias, y los códigos del amor y del erotismo de los colombianos del siglo pasado, así como sobre las prohi­biciones, los tabúes, los temores, los excesos, las obsesio­nes y las consecuencias de todo tipo que esto ha traído sobre cuerpos y conciencias, lo que se ha reflejado en las prácticas sociales, sexuales y morales del presente. La presente antología explora estas manifestaciones del ero­tismo durante cien años, desde el primer cuento, publi­cado en 1901, hasta el último libro de cuentos, publicado en el 2000; un siglo en el cual se pueden determinar varios periodos del cuento colombiano según las mani­festaciones del erotismo, aunque estos periodos no se relacionen en forma directa con categorías establecidas por otras antologías o historias de la literatura colombia­na. Por tanto, el presente volumen entrega los cuentos según su orden cronológico de aparición, y no establece clasificaciones, estereotipos o categorías específicas so­bre el erotismo que ellos revelan.

En 1901, Tomás Carrasquilla (1858-1940) publica " ¡A la plata! " en El recluta (4). Aunque para esta fecha las expre­siones de erotismo no eran nuevas en la literatura co­lombiana, y menos en la literatura universal, en Colombia sí permanecían ocultas o disimuladas por recursos lite­rarios y lingüísticos, en especial en la novela, como lo explica con amplios detalles Eduardo J aramillo Zuluaga (5). En el cuento de Carrasquilla se sugieren con vehemen­cia las cualidades eróticas de Eduvigis (6), 1as cuales en el contexto contrastan con el repudio final del padre, para quien el honor de la hija no se habría menoscabado si ésta hubiera mantenido relaciones sexuales con el patrón, aunque ello hubiera ocurrido por fuera del matrimonio; por el contrario, su indignación, la expulsión de Eduvigis y el maltrato con que la despide se justifican porque el padre de su futuro nieto es un hombre insignificante del pueblo; por esto, el narrador termina el relato diciendo: "Y salió disparado, camino del pueblo, como huyendo de su propia deshonra" (7).

Después del cuento de Carrasquilla transcurrirán vein­tidós años antes de que se den otras tímidas manifesta­ciones eróticas, lo que ocurre en Cuentos de Juventud (1923) (8)de J osé Luís Restrepo J aramillo ( 1893-1926) y en Caminos (1926) de Lydia Bolena (seudónimo de Julia Jiménez de Pertuz, 1882-1959). El primero acude alleit­motiv de la iniciación sexual, tema reiterado en casi todos los cuentos de erotismo del siglo, así como a los motivos del deseo y la lujuria frente al amor y la nobleza de la mujer, además de celos, duelos y tragedias. En "Una vi­vienda encantadora" {1928) de Lydia Bolena, se mani­fiestan dos características interesantes para la crítica de las costumbres: la ironía y la hipocresía, pues la pasión de la mujer por su amante y el asesinato de éste por par­te del marido celoso, no se notan tras la encantadora fa­milia que sugiere la casa en que ésta habita.

Sólo a fines de la década del treinta surgen cuentos que intentan penetrar en las intimidades del cuerpo y de la alcoba, y en la conciencia y en el deseo de los protago­nistas, al revelar el adulterio, el engaño amoroso y el ma­chismo en las relaciones afectivas y familiares, la que podemos observar en "Campanas del amanecer", "Thila" y "Gerardo Baraya", de Adel López Gómez {1901-1989), aparecidos en El hombre, la mujer y la noche { 1938); y en "Julia, Joaquincito y compañía", "Ciudad adentro" y "Narciso negro", de Tulio González Vélez {1906-1968) publicados en El último arriero y otros cuentos y semblanzas {1939). No obstante, el erotismo aún no se manifiesta con plenitud ni con sus contradicciones porque, como la afirma Eduardo Jaramillo Zuluaga:

Hasta entonces [es decir, hasta la época de la violen­cia y la literatura que da cuenta de ésta] las escenas eróticas que se encuentran en la literatura colombiana son, ante todo, episodios que deben ser adivinados. Con una perseverancia que el lector contemporáneo con­sidera ingenua o irritante, el principio del decoro vigila la imaginación de los escritores tradicionales y allí donde pudieran describir el cuerpo físico de los amantes, les enrarece el estilo y les dicta palabras equivocadas" (9).

Por lo anterior, uno de los cuentos más representativos de este periodo es "El primer viernes" de José Restrepo Jaramillo (1896-1945), el cual, junto con "Cinco minutos de castidad", expresa las fuerzas eróticas que atraen a los cuerpos desde muy tierna edad, como objetos de deseo y fuentes de pasiones. Después de estos dos cuentos, sólo en la década del cincuenta, cuando en Colombia explota la violencia partidista en campos y ciudades, el erotismo nuevamente se manifiesta en forma tímida o velada, como en algunos cuentos de Hernando Téllez ( 1908-1966) in­cluidos en Cenizas para el viento (1950), ya desde facetas tradicionales ya desde nuevos enfoques, como se ob­serva en "Genoveva me espera siempre"; y en Todos es­tábamos a la espera (1954) de Álvaro Cepeda Samudio (1926-1972), libro con cuentos de especial interés, so­bre el que Rafael Saavedra Hernández (10) escribiera que su autor "logró superar el estilo tradicional" de escribir cuentos, y "quebró la trayectoria del cuento colombia­no" ; entre ellos, "El piano blanco" representa una inte­resante faceta del erotismo no tratada antes en el cuento colombiano.

El erotismo sugerido en los actos íntimos, en los que el lector apenas se imagina la desnudez de los cuerpos, y en los que la sensualidad se da por supuesta, empieza a cambiar con cuentos como "El hechizado" (1955) (11)de Clemente Airó (1818-1975), en el cual se destaca el es­plendor de la poesía unida a la sensualidad y al hechizo que representan, para el hombre blanco, la tierra costera con su paisaje, su belleza y sus mujeres. Podría afirmarse que a partir de este cuento se abre el abanico de posibili­dades del erotismo en la cuentística colombiana, junto con los conflictos, las variantes y los elementos asociados con él, y también con voces, relaciones y presencias inter­textuales. De igual forma, los conflictos sociales y los movimientos históricos se hacen sentir con más fuerza, así como la presencia de nuevas ideas y de descubrimien­tos en el campo sexual, psicológico, sociológico, antropo­lógico y científico. Parte del trasfondo histórico-político de la época se percibe en varios cuentos, entre los cuales se pueden destacar: "Una canoa baja el Orinoco" (1957) de Manuel Mejía Vallejo (1923-1999), "Pureza " (1959) de Eduardo Caballero Calderón (1910), "La mujer de agua"

(1960) de Mario Franco Ruiz (1921), y "La pequeña escul­tura" y "Los insectos ciegos" (1961) de Fernando Soto Aparicio (1936).

En la década del sesenta ocurren diversos fenómenos culturales, sociales e históricos, tanto en Colombia como en el resto del mundo occidental, que la literatura colombiana expresa aunque no con la importancia que merecían los acontecimientos. Si bien el erotismo apare­ce más ahora que en los cuentos de las décadas anterio­res, s61o en 1963 Gonzalo Arango (1931-1976) entrega Sexo y saxofón, libro de relatos que presenta muchas con­sideraciones sobre el amor y menos sobre el erotismo, el cual en forma sutil atraviesa muchas de sus páginas, pero en forma más precisa y como tema fundamental en "So­ledad bajo el sol (12) y "El diablo nos vio palidecer".

El verano también moja las espaldas ( 1966) de Oscar Collazos (1942) es el libro que con más decisión propo­ne, superadas ya las dos terceras partes del siglo XX, un cuento dedicado a este tema: "Las seducciones", en el que ocurren conflictos reiterados a causa del machismo, la infidelidad, el adulterio y el escándalo público, a la par que fantasías sexuales adolescentes, en una clara contra­dicción entre erotismo y moral pública, situación que tam­bién puede leerse en "Don Pacho, que en paz descanse, siempre fue un tipo de bien", "Las causas perdidas" y "Jueves, viernes, sábado y este sagrado respeto", del mis­mo autor (13). En este periodo se publican otros cuentos representativos por el especial tratamiento del tema: "La orgía" (1965) de Germán Espinosa (1938), en el que se destacan el humor, la ironía y la parodia de los discursos esotéricos y mentalistas; "Usted se parece a la señora del presidente" (1966) de Darío Ruiz Gómez (1937); "¡Tie­rra!" (1967) (14) de Pedro Gómez Valderrama ( 1923-1992); "Un destino para Vidal" y "Esperando el amanecer" de Luis Fayad (1945 ), aparecidos en Los sonidos del fuego (1968); y en 1970 se publican "Educación sentimental" (15) y "El buitrón" (16) , de Helena Araújo (1934).

A partir de 1972 se inicia lo que podría denominarse la desinhibición del erotismo y de la sexualidad en el cuento colombiano, pues se publican libros dedicados en su tota­lidad a este motivo en casi todas sus tendencias y expre­siones. Estas publicaciones y la premiación o mención de cuentos en los que el erotismo no sólo es explícito sino el conflicto principal, muestran el interés por el tema, la in­fluencia de nuevas corrientes del pensamiento, y las nue­vas actitudes ante el cuerpo y el erotismo tanto en lectores como en escritores. Pero este fenómeno literario que pue­de llamarse libertario, entra en contradicción con las res­tringidas libertades individuales, en una década que termina bajo la represión política y militar, en forma para­lela con el auge de la lucha guerrillera y sindical.

Isaías Peña Gutiérrez publicó en 1982 un libro polémi­co e ilustrativo sobre el Frente Nacional y su influencia en la vida literaria del país (17), en el cual se refiere a los escrito­res nacidos entre 1935 y 1950, y quienes publican sus obras entre 1960 y 1977, años en que se vive históricamente el Frente Nacional, el estado de sitio y el bloqueo a Cuba, fenómenos políticos determinantes de la época en Colombia y en América. Entre los setenta y dos narrado­res mencionados, un buen número publicaron cuentos con temas o motivos de erotismo, entre quienes se en­cuentran Marco Tulio Aguilera, Arturo Alape, Gustavo Álvarez Gardeazábal, Helena Araújo, Milcíades Arévalo, Fanny Buitrago, Roberto Burgos Cantor, Andrés Caicedo, áscar Collazos, José Chalarca, Germán Espinosa, Luis Fayad, Marvel Moreno, Rafael Humberto Moreno Durán, Darío Ruiz Gómez, Hugo Ruiz, Germán Santamaría, Nicolás Suescún, Umberto Valverde )' Policarpo Varón. La literatura dio cuenta de esta situación con profu­sión en la novela, con poca relevancia en la poesía y en menor medida en el cuento. Pero el auge del erotismo en dicho género literario durante la época puede ser una forma, aún no investigada, de decir ese otro lenguaje de la sensibilidad, de mostrar la otra cara de la represión y de la opresión, y de manifestarse contra la situación que se vivía en Colombia, donde crecían y se agravaban la pobreza, la migración del campo a la ciudad, la sobre­población urbana, la proletarización de las grandes ciuda­des y la pérdida paulatina de oportunidades; igualmente, las diversas injusticias, los abusos y la pérdida de liberta­des. Esto explica que muchos cuentos de erotismo vin­culen los anteriores fenómenos a los propios conflictos narrados.

Humberto Valverde (1947), con Bomba Camará (1972), es el escritor que por primera vez en la literatura colom­biana publica un libro en su totalidad impregnado de erotismo, sobre los jóvenes de los barrios populares, cuyas vidas carecen de oportunidades y que se mueven en espacios a los que nunca llegan el desarrollo, el embelle­cimiento urbano ni la autoridad; asimismo, donde se vive el erotismo con intensidad y libre de censuras de todo orden, en una clara correspondencia con la situación social, cultural y económica de sus protagonistas, lo que se observa en especial en los cuentos "'Carevieja"' y "Esa otra muerte". Este autor, en su otro libro de cuentos, En busca de tu nombre (1976), propone el erotismo desde la perspectiva de las mujeres, cuyos nombres sirven de tí­tulo a cada cuento, mas siempre en el mismo medio social y en la misma atmósfera, y en los cuales trata manifesta­ciones y fantasías eróticas juveniles desde la perspectiva femenina.

La década del setenta vio la aparición de muchos otros libros y autores que continuaron escribiendo cuentos de erotismo y ahondando en este fenómeno, en todas las manifestaciones de la sexualidad y del amor; entre ellos, merecen recordarse: Carlos Arturo Truque (1927-1970) con "Sonatina para dos tambores" (18) ( El día que terminó el verano y otros cuentos, 1973); Fanny Buitrago (1946) con "Camino de los búhos" (1974),(19) y "Mammy deja el ofi­cio" ( 1973 ) (20); áscar Collazos con " Ensayo general" (A gol­pes, 1974); Luis Fayad con "Un lugar para la hija" (1974); Darío Ruiz Gómez con “En un mar de agua calma", "Con las mujeres de la tarde", .'Para los días de invier­no" y "La ciudad perdida" (La ternura que tengo para vos, 1974); y Jaime Espinel (1940) con '.Un viejo sába­do de octubre con lumbre de guazabra " ( Ésta y mis otras muertes, 1975).

Pero, en la misma década, sobresalen: Germán Espi­nosa, con cuentos en los que el erotismo aparece en nue­vas o insólitas facetas, en su libro Los doce infiernos (1976), entre los que se destacan "El ángel caído", En casa ha muerto un negro" y '.Fábula del juez Melesio y de la be­lla inocente"; Amira de la Rosa con “Marsolaire" (21), en el que desarrolla uno de los tabúes sexuales en una reali­dad propicia y llena de ingenuidad y de ignorancia; Ni­colás Suescún (1937) con "De pronto uno despierta" y otros cuentos de El retorno a casa (1977); y Óscar Collazos con su cuento "Ceremonias del fuego" (1977) (22).

En el mismo periodo se publican varios libros de au­tores en ese entonces muy jóvenes, como Andrés Caicedo (1951-1977), con su relato. “Berenice" (23), en el cual se manifiestan nuevos elementos unidos al erotismo, en espe­cial la poetización de éste y la poligamia; Marco Tulio Aguilera (1949), quien empieza a trazar el camino insisten­te del erotismo con sus cuentos "El ritmo del corazón" (24) y "Clemencia, ojos de cierva" de Alquimia popular (1979); así como también Arturo Alape (1938), quien revela otros as­pectos de la intimidad erótica y sexual con varios cuentos de El cadiiver de los hombres invisibles ( 1979).

Para las dos últimas décadas del siglo XX ya se han ma­nifestado en el cuento colombiano todas las tendencias posibles del erotismo, aun aquellas originadas en Europa muchos años antes, como el vampirismo, el canibalismo, el sadismo y el masoquismo. Además de los escritores ya cita­dos, surgen en este periodo nuevos narradores interesa­dos en este asunto: Eduardo Márceles Daconte (1942), Carlos Perozzo (1939), Oscar Castro García (1950), Jairo Mercado (1941),jorge Eliécer Pardo (1950), Elisa Mújica (1918), Harold Kremer (1955) y Evelio Rosero Diago (1958). Estos cuentistas presentan variantes y enfoques del erotismo de la más amplia diversidad, con asomos de humor y de ironía, así como de predominio del no-erotismo ; es decir, aunque la situación conduce a relaciones eróticas en forma ineludible, diversas circunstancias de or­den afectivo, psicológico, ambiental o social, entre otras, impiden la plena manifestación del erotismo.

Tal variedad de cuentos ofrece algunos que merecen especial mención por la estructura de su trama, el en­foque del tema, las variantes, o el tono y la interpretación del conflicto. "Besacalles" en Destinitos fatales (1984), y los cuentos de Angelitos empantanados o historias para joven­citos, de Andrés Caicedo, presentan temas, situaciones, costumbres y juegos sexuales de jóvenes de la burguesía decadente, en ambientes de rumba, drogas y alcohol, li­bertinaje y prostitución, en los que se expresan prejui­cios, temores, ansiedades, fantasías eróticas, primeros amores y descubrimiento del cuerpo, pero también canibalis­mo, crueldad, vampirismo y sadismo; y "Sola en esta nube" (25) y "El encuentro" (26), publicados en Sola en esta nube ( 1984) de áscar Castro Garúa, muestran el erotismo en la pros­titución y en la homosexualidad, desde la soledad y el monólogo interior.

Los cuentos de Pedro Gómez Valderrama ( 1923-1992) publicados en La Nave de los Locos ( 1984), conforman una especial síntesis de los temas y de las tendencias de su obra cuentística, entre los cuales el erotismo sobresale unido a mitos, símbolos culturales y sexuales, leyendas, historia, demonismo, hechicería, supersticiones, infidelidad, casti­go y muerte, como sucede en "Los pulpos de la noche". Las tendencias del erotismo logran también variantes interesantes en las búsquedas expresivas novedosas, en las que la ironía y el humor, y hasta el desparpajo, permi­ten la exposición del erotismo más cercano a la realidad cotidiana, en autores como Marco Tulio Aguilera en Cuentos para después de hacer el amor (1985), libro en el que además se palpa el desafío a conceptos, actitudes, tabú es y tradiciones latinoamericanos que oscilan entre lo patriarcal y católico hasta lo materialista y hedonista de la sexualidad. También en 1985, Jorge Eliécer Pardo pu­blica La octava puerta, con varios cuentos dedicados al erotismo. Ya a fines de la década del ochenta, otros escritores publican cuentos con alto contenido de erotismo: Ro­berto Burgos Cantor en De gozos y desvelos (1987), Javier López Franco (1927) en Un rostro en la ventana ( 1987), Elisa Mújica en La tienda de imágenes ( 1987) y Milcíades Arévalo (1948) en El oficio de la adoración (1988) y es tal la importancia que el deseo, el cuerpo, la sexualidad y las diferentes manifestaciones del erotismo adquieren en la literatura, que varias obras de cuentos se dedican casi por entero al asunto, como Fundación mítica de Medellín -11 otras historias (1988) de Jorge Mario Mejía (1955).

En 1988, Germán Espinosa publica "Noticias de un convento frente al mar", en el libro de cuentos que lleva este mismo título (27). En él propone una especie de em­blema de lo no-dicho en el cuento colombiano, aunque el tema no llegue a escandalizar, puesto que algunos fac­tores distancian al lector contemporáneo de los sucesos y de la atmósfera del cuento. No obstante, la vida sexual de los conventos ha sido tabú en la sociedad. Aquí se exponen varias y posibles situaciones, dentro de una at­mósfera sórdida, clandestina, sacrílega e increíble.

Al final de la década del ochenta, tres autores publi­can cuentos de erotismo que se distinguen por el trata­miento del tema en situaciones psicológicas, sociales e históricas bien diferentes. En Rumor de mar (28)(1989), Harold Kremer incluye varios cuentos, entre los que so­bresale "La boca del tornavoz" por las varias manifesta­ciones de la psicología humana reunidas dentro de una realidad social en la que imperan el machismo, la repre­sión sexual, el moralismo, la locura, el engaño y el crimen; Evelio Rasero Diago, en Cuento para matar un perro (y otros cuentos) (1989), también ofrece una buena colec­ción de cuentos de erotismo, de los cuales vale recordar "La monja sentada", "Una fábula: homo eroticus" y "La vacamuerta" , en la que se unen con patética ironía la vio­lencia y el erotismo como arma de esa violencia; y Ma­nuel Mejía Vallejo, en Otras historias de Balandú (1990), publica "Contra viento y marea ", cuento situado en los acostumbrados ambientes de sus libros: pueblos lejanos de las capitales, y de tradiciones católicas, conservado­ras, puritanas y machistas.

Luz Mary Giraldo resume el final del siglo con particular radiografía:

Entre más nos acercamos al final del siglo XX las artes muestran el espíritu errante del vacío y las ex­presiones lo manifiestan como consigna y espíritu de nuestro tiempo. Los escritores dan testimonio de la pérdida del centro y la prevalencia del vacío. Habi­tantes de una época que testimonia la pérdida del centro y la paradoja de la plenitud del vacío, los es­critores reflejan, caleidoscópicamente, la realidad del mundo y de la literatura en el movimiento inestable e inclasificable de sus expresiones: la convivencia de tonos, la arbitrariedad de determinados gestos, el énfasis en lo erótico y la lúdico, la burla, la irreve­rencia y la desacralización, la popular y la culto, lo selecto y lo kitsch, la voluntad de estilo, de desorden o de fábula, la multiplicidad fragmentada, la recusa­ción de la historia y la trivialización del arte y de la vida, dan muestra de la diversidad cultural y de mo­saico en que estamos inmersos (29).

En consonancia con estas características, se observa el incremento del erotismo en cuentos que de alguna for­ma manifiestan, por medios metafóricos o simbólicos, esta crisis que se vive en todos los sectores de la sociedad y en todos los rincones del territorio colombiano. Así, en la última década del siglo ( 1991-2000) casi se triplica el número de cuentos de erotismo (30) respecto de los publi­cados en la década anterior, entre los cuales sobresalen: "Violeta" de Mario Escobar Velásquez (1928), incluido en Con sabor a fierro ( 1991) ; la obra de Carmen Cecilia Suárez (1946), en especial su libro Un vestido rojo para bailar boleros (1994) (31), en el que se destaca el cuento que da título al libro; "Julieta, los sueños de las mariposas" de Arturo Alape, aparecido en el libro del mismo título ( 1994); "Vida de artista", "El viejo truco del amor en tres actos" y "Juegos de la imaginación", de Marco Tulio Aguilera, que hacen parte de Cuentos para antes de hacer el amor (1995), algunos de cuyos textos ya había publicado en Cuentos para después de hacer el amor; y muchos de los cuales muestran varios fenómenos y particularidades en pugna con la aparente normalidad de los sucesos eróticos: el humor, la ironía, la parodia, el ridículo, lo pedes­tre 0 lo prosaico; en Juegos de la imaginación (2000), del mismo autor, también totalmente dedicado al erotismo y con varios cuentos inéditos, se destaca "La historia de Sally Random " .

Rafael Humberto Moreno Durán (1946) publica dos libros dedicados casi por completo al erotismo: Cartas en el asunto (1995), que revela el erotismo con ironía, humor y parodia, en situaciones ya tratadas por la literatura pero ineludibles; y Metropolitanas (1994), el cual presenta los con­flictos del erotismo unidos a una marcada intertextualidad cultural, histórica, artística, literaria y política; y en todos ellos no faltan la parodia, la ironía y el humor, como ele­mentos que ponen en cuestión la moral vigente, las tra­diciones, los principios o valores de la sociedad de alta clase, de la política y de los buenos modales, así como las creencias y las normas que son burladas tras bambalinas, como se ve, en especial, en "Los cuadros de una exposi­ción", "Lycée Louis-Le-Grand" y "Perpetua".

En la misma línea se revela Efraín Medina Reyes (1964) con Cinema Árbol y otros cuentos (1996), en el que las características del narrador-personaje dan a los tex­tos cierto aire inédito por su lenguaje, tratamiento del tema, enfoque y actitud ideológica de los personajes. Al­gunos elementos nuevos en la cuentística colombiana que se identifican en este libro son lo escatológico, la agresi­vidad, la crueldad y lo esperpéntico, al igual que fenómenos físicos o psíquicos enfermizos, como se observa en "Round Midnight".

Philip Potdevin (1958) en Estragos de la lujuria (y sus remedios) (1996) muestra alta dosis de erotismo, aunque ya había publicado algunos de los cuentos que compo­nen el libro en Magíster ludi (1994). Los mitos europeos y americanos, la fantasía, el fetichismo, la homosexualidad, los conflictos interiores, la ambigüedad afectiva y sexual, la poetización del erotismo y, en fin, una vasta enciclope­dia cultural y sexual, alimentan los cuentos de este autor, con claros elementos de humor, ironía y parodia, como se observa en "Solicitación en confesión" (32), cuento que sobresale por sus connotaciones eróticas, irónicas y reli­giosas.

Marvel Moreno ( 1939-1995) publicó unos pocos cuen­tos de erotismo en El encuentro y otros relatos (1992) : "El encuentro", "El espejo", "La peregrina" y "Barlovento", en los cuales se manifiestan las fantasías juveniles, el in­cesto, el relativismo moral, el aborto, la prostitución, el crimen, la ninfomanía, y la superstición de la cultura afro­americana, en atmósferas de moralismo o de lujuria, con ironía y humor, o con crítica sutil a las situaciones de hipocresía o de rechazo social (33).

Las diferentes expresiones del erotismo y del amor encuentran especial tratamiento en los cuentos del fin de siglo, cuando ya parecía que todo estaba escrito. Así, entre los cuentos de erotismo de J osé Chalarca ( 1941 ), “Con el alma en la boca” (Las muertes de Caín, 1993) (34) se vuelve representativo por su riqueza temática, la asocia­ción del erotismo con el crimen y la muerte, y las múltiples exploraciones erótico-afectivas del protagonista; y Octavio Escobar Giraldo (1962), en "Nino Bravo que es­tás en los cielos" (El color del agua, 1993), presenta va­riantes novedosas de la experiencia erótica en este cuento lleno de intertextualidades, en especial musicales, cine­matográficas y religiosas. Ana María Jaramillo (1956) publica "El mujerero" en Crímenes domésticos (1993), cuen­to que se vuelve una metáfora del amor masculino: en el juego verbal, el humor, la ternura y la ironía, vienen entreveradas las sensaciones, las verdades y los sentimien­tos del hombre frente a las mujeres. "Otro nombre para María" de Colombia Truque Vélez (1950), publicado en el libro con el mismo título (1993), presenta un conflicto opuesto al del cuento anterior, desde la perspectiva fe­menina en la prostitución, la infidelidad y la tragedia. Asimismo, especial mención merece "Como nunca en la vida" (35) de Evelio José Rosero Diago, por tratarse de un cuento que muestra otra faceta de la vida afectivo-erótica de la mujer. Y en Quiero es cantar (1998) de Roberto Burgos Cantor, el cuento "Lubricán" sobresale por tratar un asunto que a pesar de lo insólito y de lo extraño, bien pudo y puede suceder en más ocasiones de las imagina­das, por diversos motivos que sólo una investigación so­bre la sexualidad, el erotismo y el amor en el pueblo colombiano podría revelar.

El humor, la sátira, la parodia y la ironía que van de la mano con la crítica a las costumbres ancestrales, la pues­ta en escena de la puesta en escena a que equivalen todas las actividades humanas en la vida cotidiana, y la mezcla de las costumbres primitivas o provincianas con el alto desarrollo tecnológico del fin del siglo, aparecen narra­das en "Cruzada informal" de Ricardo Silva Romero (1975), publicado en Sobre la tela de una araña (1999); obra que contrasta con la de Fernando Soto Aparicio, Bendita sea tu pureza ( 1999), en la cual se hallan cuentos de intenso erotismo, y que sorprenden por renovados y hasta atrevidos enfoques de la íntima condición huma­na, entre los que se destacan "Los días de la semana" y "Bendita sea tu pureza".

Cierra esta antología uno de los escritores más jóve­nes: Ricardo Abdahllah (1978), quien en Noche de Quema (2000) entrega algunos cuentos impregnados de sutil erotismo, en los que aparecen personajes adolescentes o muy jóvenes, de clase media o media alta, y en un am­biente universitario, urbano, bohemio y rockero, con dro­gas, baile, noche y aventuras de por medio. Es reiterativo, en sus cuentos, el contexto cultural de la literatura en general (autores, obras, situaciones); sus personajes si­guen una visión del mundo nihilista o vitalista, así como una marcada antirreligiosidad; ya otras manifestaciones del erotismo se unen, como en Andrés Caicedo, las del vampirismo y la crueldad, ya veces la fantasía o el terror, como en el cuento "llana".

Si vemos este recorrido retrospectivamente, otra es la sensación: lo que termina con droga, licor, asesinato, necrofilia y locura, se inició con una inocente entrega, también en la noche, pero en un lugar despoblado, sin intermediarios o excitantes, en medio del temor, el de­seo, la lluvia, la desnudez, el frío y la soledad. N o hay más que cien años, un siglo de transformaciones de toda índole, que parecen haber cambiado poco el país, pero sí mucho las costumbres y las mentalidades, no sólo en las ciudades grandes y medianas, sino también en muchos otros lugares apartados. Sin embargo, en la expresión del erotismo sigue habiendo un gran vacío, que se entiende al leer grandes obras de la literatura universal, en las que el erotismo ha alcanzado la dimensión de la trascendencia, una dirección o una dimensión aún lejana en el cuento colombiano. Como asevera Gregorio Morales al referirse al erotismo en la literatura universal: "La inmersión en lo sagrado constituye la cima del erotismo, como lo cons­tituye la individuación. Ambas cosas penetran en lo más profundo, en lo más alto, en lo más bajo, en lo más com­plejo, en lo más borroso" (36).

Queda a los lectores discernir el criterio de esta anto­logía. No basta enumerar o mencionar los cuentos, ni clasificarlos u ordenarlos de acuerdo con épocas, luga­res, temas o autores. Tampoco se ha pretendido escoger los mejores cuentos por razones exclusivas del arte lite­rario, puesto que también otros criterios estuvieron pre­sentes para la presente selección: 1) cuentos publicados en el siglo XX; 2) que, en lo posible, abarcaran diferentes momentos de la historia de la literatura colombiana de dicha centuria; 3) editados en libros o incluidos en anto­logías; 4) que presentaran variantes del erotismo en las historias narradas, y 5) que, en gran medida, los autores fueran oriundos de diferentes regiones del territorio na­cional. Esta aclaración se justifica porque no siempre los antólogos escogen lo mejor, criterio por lo demás muy subjetivo y difícil de establecer, dada la polifonía de vo­ces, las diferentes maneras de apreciar la obra literaria, y las nuevas propuestas de hacer literatura en Colombia y el resto del planeta. Y en cuanto al contenido y posibles sentidos de estos cuentos, es bueno considerar que el erotismo no siempre lleva al placer o al encuentro sincrónico con el otro, pues en muchas ocasiones el desean te se encuentra consigo mismo, aun en la ausencia total de deseo, en la extrañeza o en la indiferencia. El que no se ama se encuentra, de pronto, consigo mismo, y se suici­da porque ni puede amar, ni amarse, ni halla deseo o placer en nada ni en nadie.

Si al menos se cumple el propósito de que la lectura de esta antología excite la imaginación del lector, lo lleve a relacionar su erotismo con las situaciones aquí narradas y a vislumbrar la existencia del otro y de sí mismo, no habrá sido vano este trabajo, y la Universidad de Antioquia que­dará satisfecha de haberme otorgado un año sabático para esta búsqueda y esta síntesis.

 

Óscar Castro García

Universidad de Antioquia

Medellín, 23 de abril de 2002

 

1 Gregorio Morales, "Prólogo. El juego del viento y la luna", en: Morales, Gregorio, antólogo. Antología de la literatura erótica. El juego del viento .v la luna. Madrid: Espasa Calpe, 1998, p. 51.

2 Alexandrian, Historia de la literatura erótica, Trad. Daniel Alcoba, Bogotá: Planeta, 1991, p. 8.

3 Octavio Paz, Un más allá erótico: Sade, Santafé de Bogotá: Tercer Mundo, 1994, p. 43.

4 E l recluta (Medellín: 1ipografía Central, 1901). 2." ed. (facsimilar): Medellín: Fondo Editorial Universidad Eafit/Idea, 2000.

5 " Es un juego de estrategias elementales: el sistema metafórico de la naturaleza, los sobreentendidos, las estelas de puntos suspensivos, los cambios abruptos de 'focalización' y las noti­cias mitológicas, conviven con esas momentáneas desviaciones de la mirada narrativa que se apresura a decir el cuerpo a pro­pósito de un traje, una danza o una muchacha sin nombre"; en: El deseo y el decoro. (Punto.\ de herejía en la novela colombiana). Santafé de Bogotá: Tercer Mundo, 1994, p. 150.

6 Tomás Carrasquilla, "!A la plata!", Obras completas, Vol. 1, Medellín: Bedout, 1958, p. 579.

7 Ibíd., p. 582.

8 La bibliografía de las obras literarias citadas en este estudio apare­ce al final del libro, ya ella remito al lector.

9 Eduardo Jaramillo Zuluaga. op. cit., p. 18.

10 Rafael Saavedra Hernández, " Álvaro Cepeda Samudio: una apertura a la modernidad", en: Jaramillo, María Mercedes, Osorio, Betty y Robledo, Ángela I., compiladoras, Literatura .'I cultura. Narrativa colombiana del siglo XX. La nación moderna. Iden­tidad, Vol. 1, Colombia: Ministerio de Cultura, 2000, p. 416.

11 Aparece en el libro Nueve estampas de alucinado (Bogotá, 1961 , 2.. ed.), el cual en su primera edición (Bogotá, 1955) se intituló Cardos como flores.

12 Antologado por Eduardo Pachón Padilla (1974 y 1980) y Ma­nuel Mejía Vallejo (1961), y que aparece en el citado libro de Arango, de reciente edición (Santafé de Bogotá: Intermedio Editores, 1999).

13 Antologado por Maria mercedes Carranza (1972), 7 cuentis­tas jóvenes, Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1972.

14 Antologado por Eduardo Pachón Padilla (1973).

15 Antologado por Luz Mary Giraldo (1998).

16 Antologado por Eduardo Pachón Padilla (1974).

17 lsaías Peña Gutiérrez, La narrativa del Frente Nacional (génesis -, contratiempos), Bogotá: Fundación Universal Central, 1982.

18 Según información de Colombia Truque, la revista Cromos (No. 2.128, lO de marzo de 1958) publicó por primera vez este cuen­to, el cual ha merecido la inclusión en varias antologías; obtuvo el Primer Premio de El Tiempo en 1958, y produjo escandalosas reacciones de Blanca lsaza de Jaramillo y de monseñor Luís Concha, en Manizales.

19 Antologado por Eduardo Pachón Padilla (1974).

20 Antologado por Eduardo Pachón Padilla (1980).

21 Escrito en 1941 y publicado en 1976. Las fechas de nacimiento y muerte de la escritora varían: Según Ramón Illán Bacca: Barranquilla, 1900-1971; según Luz Mary Giraldo: 1903-1974. Su cuento aparece antologado por Luz Mary Giraldo (1998) y Ramón Illán Bacca (2000).

22 Antologado por el mismo autor (1977).

23 Se trata de un microrrelato, o intertexto, tomado de "Angelita y Miguel Ángel", segundo relato de Angelitos empantanados o histo­rias para jovencitos (1977), en el cual un subtítulo es precisamen­te "Berenice", personaje de este otro relato.

24 Antologado por Eduardo Pachón Padilla (1980).

25 Antologado po r Eduardo Pachón Padilla (1985) .

26 Antologado por Luz Mary Giraldo (1997).

27 Antologado por Luz Mary Giraldo (1997).

28 Contiene dos libros: La noche más larga (1985) y Rumor de mar.

29 Luz Mary Giraldo, "Fin del siglo XX: por un nuevo lenguaje" (1960-1996), en: Jaramillo, María Mercedes, Osorio, Betty y Robledo, Ángela I., compiladoras. Literatura v cultura. Narrativa colombiana del siglo XX.. Diseminación, cambios, desplazamientos. Vol. 2. Colombia: Ministerio de Cultura, 2000, p. 36.

30 Entre un corpus elegido en forma aleatoria para el seguimiento del erotismo en el cuento colombiano, se revisaron 237 libros entre obras de autor, antologías y selecciones publicadas de concursos literarios. En la bibliografía final de esta antología sólo se incluyen las obras que tienen, al menos, un cuento de erotismo. El año 1994 es el de mayor cantidad de publicaciones de cuentos de erotismo en Colombia, pues los 62 que se regis­tran, equivalen a un cuento cada seis días.

31 Su cuento "Un vestido rojo para bailar boleros" está incluido en la antología de Luz Mary Giraldo (1998). Textos suyos apare­cen en el libro de relatos eróticos de escritoras latinoamerica­ nas América Latina. Mi cuerpo, mi continente (publicado por Erna Pfeiffer, Austria).

32 Antologado por Luz Mary Giraldo (1999).

33 Otro cuento de Marvel Moreno, "Ciruelas para Tomasa", está incluido en la antología de Luz Mary Giraldo (1998); en él se presentan, con patetismo y decisión, elementos encontrados del erotismo y del amor: lirismo, odio, violencia, machismo, muerte, violación, amor truncado, abuso, superstición y bruje­ría; todos juntos hacen de éste un cuento singular en la literatu­ra colombiana.

34 Antologado por Octavio Escobar Giraldo y Flabert Zapata (1993).

35 Antologado por Luz Mary Giraldo B. (1997).

36 Gregorio Morales, "Prólogo", op. cit., p. 48.

 

 


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