Los Nukak Makú:
Expedición a "la prehistoria"
Informe preliminar
 
Oscar Salazar Gómez
Médico y Cirujano, Universidad de Caldas
Ignacio Manuel Zarante
Médico, Expedición Humana, Instituto de Genética, Universidad Javeriana
Camilo Riaño Barreto
Odontólogo, Universidad Javeriana
Diana Cristina Neira
Bacterióloga, Universidad Javeriana
Galo Naranjo
Comunicador Social, Universidad Javeriana
 
 
Luego del recorrido de la Gran Expedición Humana por territorios ocultos y distantes de Colombia, visitando poblaciones indígenas y negras, 35 expedicionarios llegamos a una etapa especial en el departamento del Guaviare, a sus selvas húmedas y tropicales, en busca de una de las comunidades indígenas más inaccesibles y genuinas de toda América: Los Nukak-Makú.
 
Un grupo de seis personas conformado por Ignacio Zarante, médico; Diana Neira, bacterióloga; Camilo Riaño, odontólogo; Galo Naranjo, comunicador social; Luis Guillermo Vallejo, artista; y Oscar Salazar, medico cirujano, nos propusimos la tarea de buscar estos indígenas para conocer sus condiciones de vida y salud. Así fue como en San José nos embarcamos por el río Guaviare y seis horas más tarde encontramos las poblaciones de Mapiripán y Charras, donde sus habitantes nos informaron la presencia de los Makú en días pasados.
 
De allí nos dirigimos a Charrasqueras donde conocimos a un colono apodado "Cachareto" quien nos prometió contactarnos con un grupo Nukak asentado en cercanías de su finca. Un habitante del caserío nos sirvió de guía en el amplio trayecto a pie por esta región selvática, húmeda, y caliente. El día siguiente cumpliendo su promesa, Cachareto llegó con Felipe. El, era un hombre joven, altivo, con finas líneas rojas. Lucía aretes de blanca fibra algodonosa y rojas plumas adornando sus orejas, un collar oscuro en su cuello, una larga cerbatana en su mano derecha y delgados dardos con una fina punta impregnada en curare, terminados en blancos y algodonosos extremos; nos miró callado, con ojos oscuros y profundos y nos invitó a seguirlo a través de la pica o sendero, paso tras paso caminamos largos ratos atravesando caños y senderos adornados de flores, cantos de pájaros, azules mariposas, hasta llegar a su morada sencilla, fresca y bella; construida con hojas verdes de un gigantesco platanillo (Mopli, voz Nukak para describir esta hoja), donde descansaba su nómada comunidad. Sus habitantes estaban tendidos en chinchorros tejidos de fibras naturales, estrechos y tupidos; un grupo de mujeres con sus niños y algunos hombres que hablaban en su lengua, nos miraban ansiosos aceptándonos algunos dulces que ofrecimos. Una mujer sin aliento, a duras penas levantó sus ojos, dejando ver tras su tez enferma la necesidad de ayuda que esperan siempre de colonos y extraños. Otra mujer rapaba a su esposo con tijeras; observamos los rostros pintados de algunos miembros, y también la cara pintada de un perro. Todos buscaban amistad en nuestros ojos.
 
Escogimos cerca de allí un lugar donde armar nuestro campamento. Sin embargo, su jefe nos invitó a seguirlo y tras un largo camino, llegamos a un sitio donde se cortaron arbustos, se despejaron los árboles, dejando limpio el suelo, con amplio espacio para colgar allí nuestras hamacas. Rodeados de tupida selva y de un cielo surcado por el follaje de los árboles, quedamos instalados. Al poco tiempo aparecieron sus mujeres y los niños, trayendo a sus pocos enseres, entendimos que se mudaban con nosotros, atónitos los vimos construir su vivienda junto a la nuestra. Cada familia hizo su morada colocando unos travesaños sobre los árboles, entre ellos el hombre colgaba su chinchorro, él arriba y ella debajo. Los niños se encontraban en el suelo al lado de una pequeña hoguera siempre encendida que reavivavan periódicamente; en ella al tiempo de calentarse, cocinaban. Trajeron luego hojas de platanillo con las que cubrieron la estructura, enterrando los tallos y dejando libre la punta que caía en forma de arco sobre los travesaños, protegiéndolos contra el frío y el agua. Luego Felipe, el líder, adornó su morada con una espigada y abierta hoja de palma real. La ubicación de las familias describía un semicírculo con un amplio lugar central donde desarrollaban sus actividades cotidianas.
 
Pasamos el día haciendo su amistad, analizándonos mutuamente, y al llegar la tarde compartimos diversos frutos desconocidos, con nuestras provisiones enlatadas que no fueron de su total agrado. Llovió torrencialmente durante toda la noche dejando pasar chorros de agua por nuestras improvisadas techumbres, desde nuestras hamacas, podíamos verlos junto a sus hogueras, haciéndonos sentir en otro tiempo. Escuchábamos sus constantes toses y quejidos que son signo de las graves enfermedades respiratorias frecuentes entre ellos.
 
Al amanecer el dulce canto de Felipe nos despertó. El piso de la selva aún estaba oscuro. Atento, el indígena escuchó la selva, remedó el canto de los pájaros, pareció escoger un rumbo, rápido y silencioso cogío su cerbatana perdiéndose en el paisaje. Más tarde lo vimos regresar con sus compañeros y sus trofeos de caza: dos micos (aua en Nukak) y un tucán (kio), que arrojaron al centro del campamento. Mujeres y niños los regogieron e iniciaron su preparación: pelaron los animales y los echaron a las ollas, todos compartieron la comida. Luego desempacamos nuestro equipo de trabajo. Teníamos muchas expectativas con respecto a la reacción del grupo. Ignacio Zarante examinó a Oscar Salazar, le tomó medidas, tensión arterial, lo auscultó y con ello facilitó la participación del grupo indígena en las labores médicas de la Expedición. Eran 17 personas distribuidas en 5 familias, su edad aproximada comprendida entre 1 y 25 años. La primera familia estaba constituida por el jefe de aproximadamente 20 años de edad, su mujer en adelantado estado de gravidez, una niña de 13 años hermana del jefe y un muchacho de 10 años huérfano de padres, acogido por esta familia. La segunda formada por un hombre y una mujer, ella con un embarazo apenas iniciado. Una tercera constituida por una mujer con un niño de brazos, su esposo y dos hijos más de un padre fallecido por "gripa". La cuarta familia, un hombre y sus dos esposas (?). Y una última compuesta por un hombre soltero y dos mujeres adolescentes. Además recibimos la visita de otros nukak que como cazadores pasaron por nuestro asentamiento, conociendo un total de 23 miembros de este grupo indígena.
 
Vimos a los Nukak como gente delgada, fuerte, dinámica, de buen humor, ágil, amable, apacible y nómada que recorren un territorio previamente demarcado, pasando por sus antiguos lugares de asentamiento que quedan en la selva como testimonio de su existencia. Su vida transcurre cazando con flechas o cerbatanas, pesacando con sus trampas llamadas mein y recolectando frutos y semillas que transportan en canastos tejidos de palma real llamados b´rup. Las mujeres en sus actividades diarias preparan y cocinan los alimentos que son condimentados con los frutos de la selva, además tejen sus chinchorros con finas fibras naturales extraídas de palmas nativas previamente cocidas, que las hacen tan resistentes que pueden soportar el peso de dos o tres personas al mismo tiempo. Los desechos de los alimentos son arrojados al suelo formando un tapiz que da imagen a un nuevo ambiente y sirve como semillero para que crezcan estos productos que son consumidos por ellos cuando vuelven a habitar estos parajes, en su permanente recorrido por la selva. Son músicos, fabrican sus delicados instrumentos con huesos de micos y con delgadas guaduas. Cantan sonoras melodías que acompañan sus actividades cotidianas, lejanas de los consantes problemas que aquejan nuestra "civilización" actual.
 
El diagnóstico de su estado de salud, sus características genéticas y su estado dental están descritos en artículos separados en esta misma revista.
 
Observaciones médicas.
Se vieron un total de 22 pacientes, en donde el 63.6% eran del sexo masculino y el 36.4% del femenino. Los signos y síntomas principales fueron tos, expectoración blanquecina y con sangre, fiebre y dolor abdominal. Estos datos nos sugieren la existencia de una enfermedad pulmonar importante, que estudiamos con muestras de sangre y esputo. dicha patología está presente en el 68% de los miembros de esta comunidad y parece explicar su elevada morbimortalidad. No se encontraron pacientes ancianos, no había familias completas y existían varios niños huérfamos de padres fallecidos en su mayoría por una enfermedad descrita como "gripa".
 
Observaciones odontológicas.
Acerca de su salud oral es importante destacar dentro de la parte facial la presencia de perfiles rectos, piel color café, pelo negro liso y brillante, ojos rasgados y de color negro. Analizando la parte dental observamos denticiones compuestas con una gran armonía y leves apiñamientos, la relación intermaxilar es muy buena concordando con los patrones extraorales de un perfil recto. Dentro de las patologías que afectan la estructura dental y a sus tejidos de soporte se observó un marcado desgaste a nivel de incisivos superiores e inferiores y un moderado desgaste a nivel de posteriores, produciendo éste unas caras oclusales o superficies de masticación lisas sin presencia de surcos y fosas. Estos desgastes posiblemente se atribuyen al tipo de dieta la cual consiste en pepas y frutos duros, éstos son además acrecentados por el uso del aparato masticatorio como herramienta de trabajo diario rasgando, cortando y triturando cortezas y fibras vegetales utilizadas en la construcción de sus viviendas y utensilios domésticos. No se encontraron caries ni enfermedad periodontal y se encuentran muy bajos niveles de placa bacteriana, esto sospechamos que es debido al tipo de dieta, baja en carbohidratos fermentables y a una buena higiene oral consistente en el uso de fibras vegetales y palillos para remover restos alimenticios. También se encontraron manchas de color pardo oscuro en las superficies palatinas y vestibulares de algunos dientes, esto atribuido al tipo de alimentación y a la ausencia de un método de higiene oral que no los remueve de estas superficies.
 
Características genéticas y bacteriológicas.
Cumpliendo con uno de los principales objetivos en a búsqueda de los Nukak, se lograron tomar muestras de sangre, saliva y esputo en 20 de las 23 personas que fueron examinadas en la comunidad. Las dificultades en la toma de muestras fueron subsanadas haciendo "simulacros" relaes con los miembros de la Expedición, para que ellos entendieran el procedimiento hasta que finalmente todos se manifestaron amables y colaboradores sin mostrar la menor seña de molestia.
 
En San José del Guaviare el grupo de laboratorio, conformado por biólogos y bacteriólogos, procesaron las muestras de sangre para la determincación de los antígenos de histocampatibiladad (HLA), se determinaron grupos y subgrupos sanguíneos de algunos de los sistemas que están siendo investigados en el Instituto de Genética como son: ABO, Rh, MNs, Lutheran, Lewis, P, Kell, Cellano y CDE (los resultados están publicados en este número). El resto de los componenetes sanguíneos se llevaron a Bogotá para evaluar química sanguínea, diagnóstico de enfermedades infecciosas como sarampión, hepatitis, HTLV I, HTLV II, HTLV III y HIV, pruebas inmunológicas como detección de Iga en suero y saliva, estudios inmunoquímicos de a-1 antitrispina, C3, haptoglobinas, GC ­Grupo específico­, PGM1, Transferrina. Además, muestras de sangre completa fueron llevadas para el Banco Biológico en donde las células serán inmortalizadas para posteriores estudios. También a biología molecular para extracción de DNA a partir del cual se podrá obtener gran cantidad de información biológica.
 
Esperamos que con los resultados recolectados podamos en un futuro iniciar acciones en salud conjuntas con entidades interesadas como el PNR o el Servicio de Salud del Guaviare, para entre todos garantizar la supervivencia y evitar la extinción de los Nukak Makú de las selvas del Guaviare.
 
Agradecimientos al programa alternativo de las Naciones Unidas y al Plan Nacional de Rehabilitación (PNR), Guaviare, por el apoyo prestado en el transporte a la población de Charras.
 
A la comunidad y vecinos de Charrasqueras por su hospitalidad.