Los estudios genéticos
de la Expedición Humana.
¿Cuál es su importancia?
 
Jaime Bernal Villegas, MD, PhD.
Director Expedición Humana
 
Durante los últimos diez años, nuestro grupo del Instituto de Genética Humana ha venido desarrollando toda una serie de investigaciones en comunidades y grupos humanos de variada índole, que terminaron consolidándose en la Expedición Humana; que gracias a la pericia, a los conocimientos logísticos adquiridos y a las amistades generadas en las comunidades fue posible finalmente que toda la Universidad Javeriana y otras instituciones tomaran parte en la fase que denominamos Gran Expedición Humana. De todos los proyectos de investigación y servicio que tenemos hoy en día en la Gran Expedición Humana , indudablemente el más adelantado es por tanto el que tiene que ver con los aspectos genéticos de estas comunidades, y vale la pena entonces mostrarlo en detalle, señalando el proceso que hemos seguido y los múltiples objetivos y alcances que perseguimos.
 
Para señalar la potencialidad de los estudios de genética en poblaciones, cito con frecuencia dos anecdotas. La primera sucede en la ista de Sardinia, donde los maestros de la escuela han presenciado por siglos un curioso fenómeno. Cada febrero, con la llegada de la primavera, algunos estudiantes comienzan a presentar naúsea y adinamia hasta el punto de quedarse dormidos sobre sus escritorios. Unos días despúes, y de un momento a otro, retornan a la normalidad hasta febrero del año siguiente. Esta curiosa observación vino a aclararse apenas a finales de los años 50, cuando un grupo de científicos de Chicago descubrió la deviciencia de una enzima de los glógulos rojos conocida como glucosa-6-fosfato deshidrogenasa o G6PD. Las personas que no producen esta enzima hacen episodios de anemia y esta es la razón para su adinamia. Quedaba sin embargo por averiguar la razón para que esto se presentara particularmente durante la primavera. Entre las plantas que florecen en Sardinia en esa época del año se encuentra el haba, y muy pronto fue evidente que los individuos deficientes en G6PD hacían la anemia después de ingerir habas o incluso de exponerse al polen de la planta. De allí viene el nombre de Favismo con que se conoce a la enfermedad.
 
La segunda anecdota, de muchas que se podrían narrar, sucede en 1962 en el barco U.S.S. Little Rock de la Armada Norteamericana que se encontraba en el lejano oriente. En el último puerto antes de volver a casa, la tripulación decidió hacer un "picnic", pero como las enfermedades infecciosas eran muy frecuentes en la región, se tomaron todas las precauciones posibles en la coina para que los alimentos llegaran en buenas condiciones a la tripulación. El barco zarpó después del almerzo, y alas 18 horas comenzaron a aparecer los marineros con diarrea severa. En total, 602 de los 1276 tripulantes presentaron la enfermedad, producida por una bacteria conocida como Shigela transmitida a la tripulación por dos cocineros que, teniendo la diarrea, la habían ocultado para no perderse el paseo a tierra. Más curioso aún, 10 de los marineros enfermos desarrollaron una forma muy rara de artritis conocida como el Síndrome de Reiter, y por lo tanto se postuló que la Shigela debía tener algo que ver con el desarrollo de esta artrítis. El asunto se quedó ahí hasta que diez años más tarde dos inmunogenetistas quisieron averiguar si habría alguna característica genética que explicara la aparición del Síndrome de Reiter, y buscaron a todos los marineros que lo desarrollaron en el U.S.S. Little Rock. Sólo ocho de ellos se encontraron, y siete tenían una característica genética conocida como el HLA-B27. El que no la tenía fue el que manifestó menos la enfermedad y ya le habían aparecido los síntomas. Fue entonces claro que para desarrollar un Síndrome de Reiter se necesita una base genética (el B27) y un agente ambiental (la Shigela).
 
A más de curiosas, estas anécdotas tienen la virtud de mostrar los vericuetos que sigue la investigación médica y las posibilidades que pueden desprenderse a largo plazo de observaciones aparentemente simples o carentes de interes.
 
El trabajo de genética de la Expedición Humana ha seguido mucho esta línea. Durante ya más de ocho años, los genetistas hemos recorrdios múltiples asentamientos humanos, particularmente aislados, observando y preguntando. Esto nos permitió llegar, por ejemplo, al caso del Prurigo Actínico entre los indígenas Chimila.
 
El caso del Prurigo Actínico
La historia del Prurigo es larga. Esta entidad es bien conocida en poblaciones americanas y se caracteriza por una lesión en la piel expuesta al sol, que es incurable y muy notoria. A pesar de ser una entidad frecuente, no había recibido hasta entonces mayor interes de los grupos que investigan en el mundo los aspectos etiológicos de la patología dermatológica. En nuestro grupo, en asocio al Instituto Dermatológico Federico Lleras en Santafé de Bogotá, habíamos conducido algunos estudios tendientes a averiguar las razones por las cuales unos individuos hacían la enfermedad y otros no, y habíamos descrito una característica genética presente en muchos de los individuos con prurigo conocida como el HLA B40. Este HLA son una serie de proteínas que se encuentran en la superficie de todas nuestras células y que juegan un papel de primera línea en la defensa del organismo, ya que definen lo "propio" de lo "ajeno"; esto es, permiten que cuando el organismo se pone en contacto con un microbio, bacteria o agente extraño a él, sepa que ese agente no es parte del organismo y monte entonces una respuesta inmunológica tendiente a erradicar el agente invasor. Lo más interesante del HLA es que es tan variable en sus formas que muy pocos individuos en el mundo tienen las mismas variantes del HLA; por eso es a veces tan difícil encontrar un donante para un trasplante. Pues bien, el HLA B40 que nosotros describimos "asociado" al Prurigo Actínico es mucho más frecuente en poblaciones indígenas o de ancestro indígena que en poblaciones caucásicas, lo cual nos explicaba solamente la razón por la cual el Prurigo es más frecuente en descendientes de indígenas, pero nos decía muy poco sobre la forma como se desarrolla la enfermedad, y no teníamos ninguna manera de llevar a cabo un estudio controlado que nos permitiera averiguar más sobre la enfermedad. Fue entonces cuando nos encontramos a los indígenas Chimila con más de 40 casos de Prurigo Actínico. En el estado en que se encontraban nuestras investigaciones ya no nos basataba con observarlos; hemos requerido de ellos en estos años todo su apoyo para que nos permitan estudiar sus características genéticas mediante elaboradas técnicas que requieren una o más muestras de su sangre y a algunos les hemos pedido incluso que nos permitan tomar una pequeña parte de su piel afectada por la enfermedad. Y hemos andado un largo trecho; gracias al hallazgo de los Chimila y a su anuencia a nuestros estudios, sabemos que hay una predisposición genética a la enfermedad, también en el HLA; que hay otras drogas distintas a la Talidomida que no tienen sus problemas potenciales, son de fácil adquisición, de bajo costo y producen una marcada mejoría en los síntomas, y tenemos bien estudiada la reacción inmunológica en la piel del paciente con Prurigo Actínico. Todo esto se ha logrado gracias al apoyo de las entidades que han financiado nuestros proyectos, y puedo decir, sin ánimo pedante pero sin temor a equivocarme, que nuestro grupo lidera hoy en día la investigación sobre los mecanismos básicos que generan este trastorno. Pero nos falta mucho por aprender, y continuamos requiriendo el apoyo de esta comunidad para llegar con el tiempo a entender en su totalidad el fenómeno, y poder ofrecer medidas preventivas y curativas más adecuadas, no sólo para ellos, sino para todos aquellos individuos que en otras latitudes sufren esta incurable enfermedad.
 
La Isla de Providencia
Algo similar nos ha sucedido en la Isla de Providencia, otro ejemplo que muestro con frecuencia de los rumbos que pueden tomar estas investigaciones. Sobre la historia de esta isla se han publicado otras notas en nuestro boletín de noticias y en nuestra revista, América Negra. En forma muy suscinta, en la isla hay toda una familia con una entidad clínica muy curiosa y poco conocida, que asocia sordera neurosensorial y unos serios defectos de pigmentación en la piel. Desde el punto de vista clínico, o sea observando solamente a los individuos y elaborando su arbol genealógico, no hemos podido clarificar su enfermedad. Pensamos en un momento que podríamos hacerlo si lobrabamos que un destacado patólogo de piel nos estudiara muestras de las regiones con defecto de pigmento; desafortunadamente no fue así, y hemos tenido que recurrir a otros métodos más sofisticados para tratar de clasificar esta curiosa enfermedad, pero aún estamos lejos de aclararloy continuamos observando y estudiando a la comunidad.
 
Enfermedades de hace 2500 años
La observación de las comunidades en busca de personas con enfermedades genéticas o malformaciones congénitas nos ha permitido también iniciar el proceso de eslabonar lo que vemos hoy en día en hechos aislados, con lo que pudo haber pasado antes de la llegada de los europeos o en los primeros años de la conquista. En general, la malformación congénita y la enfermedad genética son muy aparentes y en todas las culturas se ha registrado su existencia por medio del arte. Las culturas precolombinas nuestras no se escaparon a esta influencia, y en la cerámica Tumaco/La Tolita, por ejemplo, dejaron un variado catálogo de enfermedades claramente representadas. Después de varios años de búsqueda de estas cerámicas en museos y colecciones, hemos reunido todos estos datos y los de las observaciones de terreno en la Expedición Humana, en un libro que señala la clara existencia por varios siglos de algunas de estas enfermedades en nuestra tierra.
 
Revivir la historia de América
Pero no solamente hemos concentrado nuestros esfuerzos en los individuos que tienen una enfermedad; desde el punto de vista genético son igualmente importantes los individuos sanos, ya que pueden darnos luces sobre lo que fueron los procesos de poblamiento de América, lo que ha sido la historia de ajustes de los grupos humanos a su entorno, las relaciones entre ellos y de ellos con los otros grupos de individuos de distintos orígenes que se asentaron en nuestro territorio y, finalmente, porque en últimas nos permite documentar desde un puto de vista biológico la clara diversidad cultural y lingüística que observamos alrededor. La Biología nos permite entonces, gracias a las nuevas tecnologías, tratar de hacer viva la historia de nuestro país, para entenderla y hacerla propia. Ahora bien, para poder hacer todo esto requerimos estudiar la estructura genética de cada uno de estos grupos y desde muy distintos ángulos. Desde el nivel más sencillo al más complejo, nos interesa tipificarlos para conocer sus grupos sanguíneos, las variaciones en sus proteinas del suero o de los glógulos rojos, las distintas formas que presentan de antígenos del HLA, y finalmente, su variación en las secuencias del DNA, tanto en el núcleo como en la mitocondria. Todos estos datos permiten análisis para generar modelos matemáticos de relación entre los grupos humanos, tendientes a elaborar un dendrograma o árbol de relaciones filogénicas que, interpretado en el contexto de hechos culturales o lingüísticos conocidos, puede finalmente darnos esa visión coherente que buscamos de la prehistoria de nuestro país.