La población
raizal de archipiélago de San Andrés y Providencia presenta
una cultura que comparte en líneas generales, aquella del caribe
anglo-parlante occidental. Desde el siglo anterior, estas comunidades isleñas
han tenido y siguien teniendo un estrecho contacto e intercambios de población
con las de Jamaica, las islas Cayman, y los asentamientos costeros de Belize,
la Mosquitia de honduras, Puerto Limón (Costa Rica), Bluefields
(Nicaragua) y Bocas de Toro y Colón en Panamá. Su historia
cultural está ligada al sistema de plantación impuesto por
los ingleses en el caribe en el siglo XVIII y esa filiación, sobre
todo lingüística y religiosa, fue reforzada durante el siglo
pasado para configurar la minoría lingüística, étnica
y religiosa que hoy en día coexiste en condiciones de desigualdad
con la población emigrante extranjera y colombiana.
El Calypso de Trinidad y el mento de Jamaica,
al igual que los bailes de salón europeos del siglo anterior practicados
en toda la región caribeña, tales como la quadrille, el waltz,
la mazurka y la polka, son los elementos fundamentales del repertorio de
los grupos de música tradicional isleña. El contacto cultural
con Colombia reforzado a fines del siglo XIX y comientozos de este dio
como resultado también la adopción de géneros del
interior como el pasillo. Esta música se interpreta en un conjunto
que cuenta con el violín o la mandolina como instrumento principal
acompañado de guitarras, maracas y del jawbone (quijada de quino)
y el tub-bass (o bajo de tinaja). Por su parte, la música religiosa
de las diferentes denominaciones protestantes se continúa practicando
especialmente a través de una intensa tradición vocal, de
solistas y coros con acompañamiento de piano u órganos electrónicos.