El libro del almismo,
el libro del pensar.
(Ser como todos, pero ser distinto)
Martalucía Tamayo Fernández, MD., MSc.
 
Escribir la Introducción Primera a este libro de Martalucía Tamayo requiere hacer un viaje en la memoria y los afectos de tantos años como hace que soy un hombre grande. Grande no en tamaño (Martalucía y yo bien sabemos esto), ni tampoco en edad. A gerande llegué yo un día con Martalucía al lado; más aún, creo que ambos nos hemos hecho grandes juntos. Y a grandes hemos llegado un poco como los guardafangos de los automóviles viejos: aún se sabe como eran, pero ya tienen abolladuras de algunos golpes, secuelas del latonero al tratar de repararlos y alguna que otra capa de sobrepintura. A golpes, pues -como todos-, Martalucía y yo nos hemos hecho grandes juntos, pero creo que no hemos llegado aún a viejos sino en los afectos.
 
Y esa larga estancia que nos ha permitido hacernos juntos, la misma que alguna vez me puso como su maestro y hoy ella me enseña, también nos ha llevado a desarrollar espacios tan comunes en el pensamiento, que a veces yo no sé -y creo que Martalucía tampoco- de quien fue la idea original. Tal nos ha pasado con la obra de Borges, que nos ha prestado a ambos en estos años un metalenguaje, que, madurado y puesto en orden, nos ha llevado a la construcción de mundos de ideas propios. Yo, osado, inconsciente, tomé palabras y frases Borgianas y, tras hacerlas mías, las comparé con las de otros, las llevé a Pitágoras, lo puse a correr con Zenón de Elea, busque en Rusell el origen primigenio de sus juegos matemáticos, luego aduje, deduje, jugué con los silogismos históricos y, en el más vil de los plagios, usé sus palabras para hacerlo expresar mís ideas. Martalucía en cambio, -más respetuosa- creó una nueva constelación que une a Borges con Macedonio y Cortázar, tomando de sus vidas y obras momentos que revive a la luz de su propia vida, de su doble condición de paciente y genetista de la que tanto hemos aprendido tantos en los años que la fortuna nos ha deparado juntos.
 
El libro del ALMISMO, nos lleva, como la vida, de prólogo a prólogo. Al fin de cuentas, ¿qué hacemos hoy distinto a prologar el mañana? Y no somos todos, apenas el prólogo a nuestros hijos y al trabajo de quienes han seguido nuestros pasos? Tal vez es esta la razón por la que se me ha reservado la Introducción Primera de este libro.
 
Jaime Bernal Villegas, MD, PhD